.lucha por la felicidad

janis pauluks felicita

En 1945 Janis Pauluks pintó el desnudo ‘Felicitas’ que hoy se exhibe en el Museo de Arte Nacional de Letonia, en Riga

“La expresión de la cara es la de una niña malhumorada y caprichosa, pero el cuerpo desnudo es inequívocamente el de una mujer en el apogeo de su belleza física. Luce en su cabeza una toalla que le confiere un aire africano, aunque el autor de este cuadro titulado ‘Felicitas’ no guarde ninguna relación directa con ese universo geográfico y cultural. Sigue leyendo

.un rostro

Bahup Teh PhotographyBahup Teh Photography

“Un rostro frente a tus ojos que lo miran y por favor: que no haya mirar sin ver. Cuando miras su rostro -por pasión, por necesidad como la de respirar- sucede, y de esto te enteras mucho después, que ni siquieras lo miras. Pero si lo miraste, si lo bebiste como sólo puede y sabe una sedienta como tú. Sigue leyendo

.las cartas más apasionadas del mundo-Cinicas II

lord_byron_portrait_study

Lord Byron, seductor implacable, urde aquí una preciosa carta de adiós en la que la culpabilidad acaba recayendo, gracias a su habilidad, en su abandonada, Lady Caroline Lamb.
Se debe decir en descargo de Byron que parece que su mudable corazón se apasionaba en serio por cada nuevo amor y que Caroline hasta intentó suicidarse cuando el poeta la abandonó.
Sin duda, sabía expresarse: “Sabes que con gusto renunciaría a todo aquí y más allá de la tumba para tí; y si me contengo, ¿pueden mis motivos ser malentendidos?”. Bueno, pues sí renunciaría a todo, ¿por qué no lo hace…?

Lord Byron a Lady Caroline Lamb
Agosto de 1812
“Mi querida Caroline:
Si las lágrimas que ya has visto y sabes que no soy muy propenso a derramar; si la agitación con la agitación que me separé de tí. una agitación que debes haber percibido a lo largo de toda esta relación, la más nerviosa de las relaciones posibles, no comenzaron hasta el instante en que se acercaba el momento de dejarte; si todo lo que he dicho y hecho, y que sigo estando totalmente dispuesto a decir y hacer no ha demostrado lo bastante cuáles son -y han de ser siempre- mis verdaderos sentimientos para tí, amor mío, no tengo otra prueba que ofrecerte.
O, mejor, cuando tú, por un sentido del deber hacia tu marido y madre, me abandones, habras de reconocer la verdad de lo que de nuevo prometo y juro: que ninguna otra, de palabra y obra, ocupará jamás todo lo que tú el lugar en mi afecto que es y será el más sagrado para tí, hasta que yo no sea nada.
Nunca conocí hasta ese instante, la locura de… mi queridísima y más amada amiga, no puedo expresarme, no es momento, no es momento de palabras; pero siento orgullo, placer melancólico, al sufrir lo que tú misma apenas si podrías concebir porque no me conoces. Ahora voy a salir con un corazón abatido porque -mi presencia esta noche acabará con cualquier chisme absurdo que los acontecimientos del día puedan haber hecho correr- piensas ahora que soy frío, severo e ingenioso, lo piensan los otros, lo piensa incluso tu madre, esa madre por quien de hecho tanto tenemos que sacrificar, mucho, mucho más por mi parte de lo que nunca sabrá o podrá imaginar.
“Promesas para no amarte”, ah, Caroline, es una promesa pasada, pero atribuiré todas las concesiones al motivo apropiado y nunca dejaré de sentir todo lo que tú ya has visto, y todavía más, tanto que sólo podrá saberlo mi propio corazón, quizás el tuyo.
Que Dios te proteja, perdone y bendiga, por siempre, incluso más allá.
Tu más enamorado,
-Byron
P.D.: Esos sarcasmos que te han llevado a esto, mi queridísima Caroline, no iban dirigidos a tu madre ni a la amabilidad de todos tus parientes, ¿hay algo en la tierra o el cielo que me habría hecho más felíz que el haberte hecho mía hace mucho tiempo? Y no menos ahora que entonces, sino más que nunca en este momento; sabes que con gusto renunciaría a todo aquí y más allá de la tumba por tí; y si me contengo, ¿pueden mis motivos ser malentendidos? No me preocupa quién lo sepa, y qué uso se hace de ello, es para tí y sólo para tí a quien están debidos, era y soy tuyo, libre y completamente, para obedecer, honrar amar y huir contigo cuando y como tú misma puedas y quieras determinar…”

-Selección de Alicia Misrahi

.las cartas más apasionadas del mundo-Cinicas I

benjamin_franklin

“Desengañaos del falso mérito
de ser fiel y creedme que nada
es tan perjudicial como
la constancia para la reputación
de una mujer hermosa.”
-Saint-Évremond

En esta excepcional carta, digna de una antología del humor y de los sueños, Benjamin Franklin, de 74 años, se declaró a Madame Helvétius, de 61. La viuda del enciclopedista había expresado su intención de guardar la memoria de su marido y Franklin, haciendo ver que ha tenido un encuentro con su marido, la intenta convencer de que éste la ha olvidado e incluso idea una relación con su mujer, también fallecida… Se trata de una carta refrescante y con un punto de cinismo… Aunque Franklin amaba a Madame Helvétius, lo cierto es que no tenía madera de amante suplicante y entregado, y desistió pronto. Sin embargo, queda para la historia esta originalísima declaración de amor. Ninguna de las frases que contiene esta carta tiene desperdicio, especialmente el final: “Venguémosnos”.

Benjamin Franklin a Madame Helvétius
Passy, Enero de 1780
“Mortificado por vuestra resolución de permanecer sola el resto de vuestra vida, para honra de vuestro marido, como con tanta decisión anunciasteis anoche, regresé a casa, me eché en la cama, me creí muerto y me hallé en los Campos Elíseos.
Me preguntaron si deseaba ver a alguien en particular. “Llevadme con los filósofos”, “En este jardín residen dos, que son muy buenos vecinos y muy amigos entre si”. “¿Quiénes son?, “Sócrates y Helvétius”. “A ambos los estimo muchísimo, pero llevadme a Helvétius primero, porque de francés algo entiendo, y de griego ni una palabra.” Me recibió con suma cortesía, diciéndome que mi reputación había llegado hacía ya tiempo a sus oídos. Me hizo mil preguntas sobre la guerra, y sobre el estado actual de la religión, la libertad y el gobierno en Francia. “Pues usted no me pregunta nada sobre su amiga Madame Helvétius, y sin embargo ella lo sigue amando con exceso; hace apenas una hora que estuve en casa de ella”.
“¡Ah!”, me contestó, “me hace usted recordar mi felicidad anterior, pero tuve que olvidarla para ser felíz aquí. Durante muchos años no pensé más que en ella. Al cabo recibí consuelo. He tomado otra mujer, la más parecida a ella que pude encontrar. Es cierto que no es tan hermosa; pero tiene tanto sentido e ingenio como ella, y me ama infinitamente. Su único y constante estudio es complacerme; precisamente ahora ha ido a buscar el mejor néctar y ambrosía para regalarme esta noche; quedáos conmigo y podéis verla”.
“Advierto”, le dije, “que vuestra amiga de antes es mas fiel que vos, pues muchos buenos pretendientes se le han ofrecido, y a todos ha rechazado. Os confieso que yo mismo la amaba con exceso, pero fué severa conmigo y me ha rechazado sin ambages, pues aún os ama”.
“Os compadezco”, repuso, por vuestra desdicha, pues sin duda es una buena mujer, y muy amable. Pero, decidme, ¿siguen frecuentando su casa el Abbé de la Roche y el Abbé Morellet?”.
“Si, en verdad, pues ella no ha perdido a uno de vuestros amigos”.
“Si os hubierais ganado al Abbé Morellet con café con crema, para que hablara en vuestro favor, quizá hubierais tenido éxito, porque discurre con tanta sutileza como Scotus o Santo Tomás, y ordena tan bien sus argumentos que los hace punto menos que irresistibles; o si hubierais conseguido, obsequiándolo con una buena edición de un clásico antiguo, que el Abbé de la Roche hablara contra vos, ello habría sido mejor aún, porque siempre he observado que cuando le aconseja algo, ella siente una fuerte inclinación a hacer lo contrario.”
No bien acababa de decir esto cuando entró la nueva Madame Helvétius, con el néctar; al punto la reconocí: era la señora de Franklin, mi antigua amiga mexicana. La reclamé, pero me repuso, friamente: “He sido muy buena esposa para tí durante cuarenta y nueve años y cuatro meses; casi medio siglo; confórmate con eso”.
Descontento por esta negativa de mi Eurídice, decidí abandonar inmediatamente esas almas ingratas y volver a este buen mundo para ver de nuevo el sol, y a vos.
Heme aquí.
Venguémosnos.”

-B.Franklin

-Selección de Alicia Misrahi

.acto puro

.acto puro

“Entro al espacio puro,
purísimo de tu cuerpo,
en un acto rojo y suave,
unido a la noche y al rocío,
atado a tu profunda avidez,
a tu sonido de río,
a tu altura desterrada,
a todo el universo
que te puebla y abre.

Así, infinita, inmensa, profunda,
central, ciega, rápida,
vuelvo a celebrarte en todos tus costados:
ceremonias del cometa o de la nube,
del mantra o de un país de bruma.

Y una llamarada
Te envuelve de música y barcos
y te repite hermosa,
eco de tí misma,
desborde nocturno
sobre cualquier muro o soledad.

Amo tu cuerpo
cuando es pájaro de un dia
que no muere
y canta en los umbrales.”

-Celedonio Torres Ávalos

.las cartas más apasionadas del mundo-Celosas VIII

leon_tolstoi_by_parpa-d3l4gpt

León Tolstoi

El matrimonio entre León Tolstoi y Sonia fué tormentoso… En sus muchos años de unión hubo de todo: desde los celos de ambos -ella sobre todo de una campesina a la que León amó, Axinia, pero también de otras mujeres, y él de un amigo de Sonia que pasaba temporadas en su casa-, hasta el desamor, el odio y la imcomprensión, motivada sobre todo por el cambio brusco que él sufrió cuando él se volvió fervorosamente religioso.

[Una pasión inexplicable
Sonia se prendó de Serguéi Ivánovich Tanéiev (distinguido pianista y compositor, amigo y discípulo de Chaikowsky) a pesar de su voz, de sus ademanes afeminados y de ser poco atractivo físicamente con su cuerpo regordete, sus ojos pequeños y sus mofletes rollizos… Ella tenía 51 años; él 39. Quizá, lo que Sonia vió en él es que, a diferencia de su marido, era amable; pero, sobre todo (como explicaba un hijo de Sonia, Serguéi), que se había transferido a la persona del músico el poder y el efecto de la música que tocaba]

En las dos primeras cartas, es ella quien se desahoga en su diario contando sus celos (acostumbran a leer el diario del otro), mientras que en las dos siguientes es él quien se queja del acercamiento de su esposa a Tanéiev:

22 de julio de 1866:
“Liovochka ha ideado una excusa para visitar esa casa esta mañana. María Ivanova me lo ha dicho y también que se ha quedado hablando con ella bajo su balcón. ¿Qué razón puede haber tenido para ir hasta allí bajo la lluvia? Es evidente: porque ella le gusta. Sólo de pensarlo me siento enloquecer. Deseo a esa mujer todo el daño imaginable (…). En este momento siento unos celos irresistibles. Sencillamente no puedo soportarla. Me pongo furiosa al ver su belleza y su buen humor, sobre todo en compañía de Liovochka.”

Y dos días más tarde:

24 de julio de 1866:
“Liovochka ha ido de visita a su casa también hoy y ha vuelto diciendo cuánto compadecía a esa pobre mujer por su aburrida vida. Después me ha preguntado por qué no los había invitado a comer. Si por mí hubiera sido, nunca la habría dejado entrar en esta casa, conque menos aún invitarla a comer. Oh, Liovochka, ¿es que no ves que te he pescado? Tal vez despida al administrador y entonces me libraré del tormento de los celos que me inspira María Ivanova.”

Años más tarde, fué León quién padeció unos celos tormentosos. Por aquel entonces, él ya se había vuelto ferozmente religioso y entre los dos se había abierto un abismo por mucho que él no lo reconociera en esta carta. Tolstoi tildaba lo que Sonia sentía por el músico Tanéiev de “senil encaprichamiento o algo peor”.
El 1° de febrero de 1897, Tolstoi escribió a Sonia una amarga carta en la que los celos y los reproches hacían imposible una futura reconciliación entre ambos:

León Tolstoi a Sonia
“Es terrible, humillante y vergonzoso que un completo extraño, un hombre innecesario y carente del menor interés, rija nuestra vida y envenene los últimos años de nuestra existencia: es humillante y doloroso que haya que preguntar cuándo y adónde va y cuándo tiene ensayos.
Es algo terrible, terrible y repulsivo. Y está sucediendo precisamente al final de nuestra vida (…). Una vida transcurrida de forma correcta y pura… precisamente cuando nos hemos ido aproximando cada vez más, pese a todo lo que podría dividirnos (…).
De repente, en lugar de una conclusión natural, positiva y gozosa de nuestros 36 años juntos, surge esta repulsiva vileza que ha dejado su terrible impronta en todo. Sé que te sientes mal y que sufres también porque me amas y quieres ser buena, pero de momento no puedes y siento una inmensa compasión de tí, porque te amo (…). Adiós y perdóname, queridísima. Un beso.”

Tolstoi estaba lleno de “celos enfermizos”, según anotó Sonia en su diario el 2 de junio de 1897. La siguiente crisis estalló cuando la mujer invitó a Tanéiev a pasar un verano en Yásnaia Poliana. Ella no lo acababa de entender, Tolstoi tampoco hizo mucho por explicárselo e, incluso, dejó sin enviarle una carta que podría haberle aclarado sus sentimientos:

19 de mayo de 1897
“Querida Sonia: Tu intimidad con Tanéiev no sólo me resulta desagradable, sino que, además, desespera espantosamente. (…) Llevo un año sin poder trabajar y presa de continuos tormentos. Tú lo sabes. Te lo he dicho irritado y te lo he dicho con súplicas. (…) Lo he intentado todo y nada ha dado resultado: esa intimidad continúa y se hace más estrecha incluso y veo que va a seguir siendo así hasta el final. No puedo soportarlo más.”

Tolstoi ofrecía a Sonia cinco soluciones: romper relaciones y liberarse de compromisos; que él se fuera al extranjero; que los dos se fueran al extranjero; seguir viviendo igual (en esta opción se podía pensar “sin horror y desesperación”) y la quinta, que él dejara de verlo como una traición. Pero Tolstoi no podía soportar lo que estaba sucediendo, como decía en esta carta que jamás envió:

“Lo he padecido durante un año y lo he intentado con todo mi corazón, pero no puedo (…). Al contrario, los golpes, al caer todo el tiempo en el mismo punto, han intensificado mi dolor. Sonia, querida, eres una mujer buena, amable y justa. Ponte en mi lugar e intenta entender que no puedo sentir otra cosa que (…) un dolor y una vergüenza angustiosos e intenta pensar, querida, en la mejor salida.”

[Un triste final.
Finalmente, Tolstoi huyó de su casa después de 48 años de matrimonio. Los hijos de ambos se dividieron. Si algunos tomaron partido por su padre, otros como Andrei se pusieron del lado de su madre: “Hé de advertirle -escribió este último-, que al adoptar esta decisión final está matando a nuestra madre”, Sonia enfermó de los nervios y Tolstoi no quiso verla a pesar de sus súplicas.
Cuando su huida salió en primera página de todos los periódicos, Tolstoi se sintió desconcertado… Como consecuencia de su “travesura”, Tolstoi enfermó gravemente y finalmente murió.]

-Selección de Alicia Misrahi

Una verdadera rareza!
Un waltz que compuso el novelista ruso León Tolstoi (Lev Nikoláyevich Tolstói 1828 – 1910) interpretado por su amigo pianista Leon Boriseiwycz Kleiser.

.las cartas más apasionadas del mundo-Celosas VII

Fernando_Pessoa_2_by_lublinerFernando Pessoa

Fernando Pessoa, aconseja en la siguiente carta a su novia Ofelia Queiroc cómo deshacerse de un pretendiente pesado que incluso quiere deshacer el noviazgo entre los dos calumniándola.

Fernando Pessoa a Ofelia Queiroc
28 de Mayo de 1920

Bebecito mío: lo que quería decirte en la otra carta, y no tuve tiempo, pero te digo en ésta, es esto y te pido que aprendas bien la lección y, si me amas, que escuches este consejo:
El Destino es una especie de persona, y deja de molestarnos si le mostramos que no nos importa lo que nos haga. Por eso, tú debes tener la fuerza de pensar sólo en esto: Quiero a Fernando, no pasa nada más.
Al muchacho, y a lo que él dice, trátalo con desprecio, pero con desprecio auténtico y verdadero: no que eres muy joven, ¿pero no serás capaz, si yo te lo pido, de concentrar tu espíritu en una actitud de indiferencia hacia todo cuanto no sea tu Niñito? Si no puedes hacer esto, todavía no sabes amar.
Lo sé bien; te importunan por todas partes, te molestan, te cansan. Ocúpate de ti misma (¿entiendes?) y no te fijes en nada de eso.
¿Me quieres a mi, al Ibis, al Niñito?
Yo soy muy nervioso, pero tengo ya el espíritu educado hasta el punto de aceptar a sangre frío lo peor y lo más complicado. Si yo fuese diez años -¿qué digo?, basta con dos años- más joven, me habría quedado enteramente confundido con lo que me contaste.
Me quedé fastidiado por tí, pero por mí no te imaginas lo tranquilo que estoy, sosegado, en orden dentro de mi cabeza.
Te quiero inmensamente, Bebé, créelo; no quiere esto decir que no te ame, quiere decir que en todo esto sólo sólo doy importancia a tí y a mí, y lo demás no me importa para nada.
¿Eres tú capaz de hacerme un favor? Es que procures estar tranquila, sentir desprecio, sentir indiferencia. Tú estás proporcionándole al muchacho un placer inmenso. Mira: de mí no saca ningún placer…
Mañana tengo que verte. Lo natural es que vaya a hablarte en Belem durante la hora de la comida, un poco de mediodía en adelante. Pero procuraré estar en Santos a la hora de tu ida, para quedar contigo.
No te lo imaginas. Tengo realmente una sensación de alegría. Es que me estorban, y no me disgusta que me estorben, para que yo remueva los obstáculos.
¡Sécate las lágrimas, Bebé malo! ¡Tienes hoy de tu parte a mi viejo amigo álvaro de Campos que generalmente ha estado sólo en contra tuya! Sólo vale la pena lo que se consigue con esfuerzo.
Mil besitos, besos y chi-corazones de tu siempre tuyo
Fernando. ”
P.S.: Puede ser que, por cualquier razón contraría a mi intención, ni pueda ir por la mañana. En ese caso, espérame en Belem inmediatamente después del mediodía. Acecha mi llegada y sube para hablarme. No es natural que tu padre esté, ¿verdad?. En cuanto al muchacho, puede estar si quiere, que eso no tiene importancia.

-Selección de Alicia Misrahi

.mensajes

Pica-´Flor´

(Picaflor en Bernal)

“Se escribe
como se lanza botella al mar:
soñando con una playa
un lector, una lectora.
Pero cuando por azar de los vientos
y la conjunción errática de las mareas
la botella navegante llega a la orilla
y alguien la recoge
-lee el mensaje-
hay que confesar: quien envió el mensaje
está ya en otra cosa.”

-Cristina Peri Rossi (Inmovilidad de los barcos -1997-)

.la volvedora

.lavolvedora

“Vuelves así,
tan clara, tan hermosa,
vuelves, siempre vuelves,
naciendo del último paisaje que amé.
Pechos profundos,
cintura de flores,
vuelves, vuelves,
siempre llena de palomas y sucesos,
siempre sencilla
en la media luz de la tarde.
Vuelves trayendo un nuevo río,
una historia del sur,
un jardín amarillo.
Tu rostro es más verdadero
que mis manos,
que mis palabras escritas.
Yo sé tu nombre
es más profundo que el adiós,
por eso volverás de nuevo
junto a pájaros y vendimias.”
-Celedonio Torres Ávalos

.llama de mí naciente

.llama de mí naciente

“Palomita morena,
bajas a beber
de mi mano.

En el aire mío
te contengo,
abrazo el infinito
de tus ojos
y tus ojos me llevan
a la hora
más luminosa
del día.

Desde todas las palabras,
desde cada lejana tarde,
respondo a tu música,
a tu única música
de jardinera zumbante.

Voy abriendo al sol
la imagen de tu boca,
voy revelando al espacio
el sueño de tus colores.

En sauzales te dispersas,
vas celeste por el bosque,
incansable, revelada,
defendiendo todos los nacimientos.”

-Celedonio Torres Ávalos

.las cartas más apasionadas del mundo-Celosas IV

.las cartas más apasionadas del mundo-Celosas IV

“Los celos tampoco respetaron a Emilia Pardo Bazán y a Benito Pérez Galdós.
Ella le escribió una larga carta dándole explicaciones.
Al parecer, en una carta anterior, él se mostró controlador y ella contestó para aclararle varios puntos sobre los que él la interrogaba: el estado de la relación entre los dos, la emancipación de ella (de la que él la acusaba de no haberle hablado), los sentimientos de ella…
Emilia también habla de una indiscreción cometida por ambos y hace alusión a una infidelidad y a la pasión que despierta en ella Galdós.
La nota divertida la pone Emilia cuando simula que siente celos porque le ha enviado una foto que tienen otras personas.

Emilia Pardo Bazán a Benito Pérez Galdós
Sábado de Gloria (1889)

“(…) Respecto a mi emancipación yo creo que te hablé de eso; no sé si despacio, pero de que hablé estoy segura. Qué hubieras podido tú hacer en ello, vida mía? Nada. Aprobar mi opinión, y se acabó. Si no fuese el maquiavelismo y las precauciones, acaso podrías asociar la administración de mis libros a la de los tuyos, pues yo soy literalmente incapaz de administrarme, y siempre tendré que estar a la merced de los editores; pero esta unión resultaría muy sospechosa, y por consiguiente, a no ser un prólogo como el de El Sabor de la Tierruca, no veo qué género de apoyo podría encontrar en ti: en suma, he de ser yo misma quien me emancipe, y malo será que con u poco de constancia no logre ganar lo suficiente para vivir, con el decoro a que estoy habituada, el tiempo que no esté con mis padres.
Es cierto que por otra parte se piensa mucho en serme útil, y yo pecaría de injusta si no reconociese ese vivo deseo que he observado y que se revela en todo. De ahi nació en mucha parte el contagio afectivo, no ha de resolver el problema de la emancipación ni mucho menos. No sigo porque ya tengo miedo de haberte lastimado: si es así perdóname y permíteme que te dé un beso en la frente. Hazme justicia reconociendo que a nadie quiero mortificar y que si de algo peco es de un exceso de respeto hacia todos. Cualquiera, en suma, vale más que yo, pues yo soy aquí la que hace daño, la que sin querer comete una atroz crueldad. Los demás fían en mí y se me entregan incondicionalmente.
Para disipar estar ideas tristes releo tu carta y me río con aquel episodio de aquella prenda íntima. ¿Qué habrá dicho el guarda de la Castellana al recogerla? ¿Qué impresión moral será la suya? ¿Cómo juzgará de las costumbres de la high life? ¡Qué daría por estar diez segundos en su cabeza!
Por fortuna esa prenda no tenía la marca que llevan otras de su mismo género: una “E” coronada. De lo contrario, capaces serían de llevársela a Peña Costalago…”

En el pasaje que sigue, ella parece prometer que no habrá ninguna ocasión para el engaño:

“Estoy resuelta a no ser nunca más Jonás y sobre todo a huir de las ocasiones de serlo. Creo firmemente que no volverá a presentarse ninguna; y a pesar de lo sucedido, creo que no se presentan tan a menudo; porque… en fin, no digo más. No me acuses de mala cristiana a causa de la ofensa a la fiesta del Corpus. Vaya una fiesta para convidar a devoción. A alegría profunda es a lo que convida. Con un clima meridional, un cielo de terciopelo azul, un mar digno de Nápoles, y una lluvia de flores, de ginesta, de embriagador aroma que caen de todos los balcones e inundan el suelo, y para más la temperatura y la atmósfera recordando aquellos versos de Musset:
‘Poëte, prends ton luth: le vin de la jeunesse
fermente cette nuit dans le veines de Dieu…’…”

Emilia insiste en toda la pasión que tiene guardada para él:

“En fin, ya se acabó; de hoy más voy a ser más formal, muy formal: tengo ya tanto pelo blanco, que la juventud se acaba, y esta vitalidad que a veces me ahoga son los últimos resplandores de una lámpara. La guardaré para tí. ¿Cómo me dices que no he de tener nostalgia de tus brazos? Pues a fe que suelo yo estar fría y sin entusiasmo cuando me veo en ellos. Merecerías que te recibiese conyugalmente y no con aquel frenesí nunca amortiguado que para tí tengo. Ahora te desharía a apretones y tú te dejarías hacer.
Acaso ese amor de reverberación que me atribuyes es la forma propia del amor en mí.
Jamás he comprendido que pudiese yo estar enamorada y mal comprendida: en cambio la electrización (cuando se trata de persona digna y a quien yo en realidad inspiro algo) es instantánea. Para mí el amor es la comunicación de la dicha ajena: es el grupo visto en el espejo. ¿No lo has notado (…)?…”

Y, seguidamente, una fingida y tierna escena de celos:

“Si, reconocí la envoltura del retrato mono. ¿De modo que se lo has dado a todo el mundo? Ya no lo beso más. Me desahogaré en el original, porque espero que tu hocico ilustre no lo andarás prodigando tanto como la cartulina, y nadie te lo refregará. (…)
Ya sabes que te doy mucho del alma, mucho de todo. Sostenme, y consuélame, porque lo gracioso es que me hace falta un consuelito tuyo. Ratoncito, adiós, no me quieras mal.”

-Selección de Alicia Misrahi