.las cartas más apasionadas del mundo-Enfurecidas III

.las cartas más apasionadas del mundo-Enfurecidas III

Khalil Gibrán y May Ziadah era almas gemelas y poéticas. Sin embargo, en alguna ocasión él perdió los estribos al recibir una carta de ella algo más fría de lo habitual.

Khalil Gibrán a May Ziadah

Nueva York, mayo de 1927
“¿Qué puedes decir de un hombre que, cuando se despierta por la mañana y se encuentra junto a su cabecera una carta de la amiga que ama, grita en voz bien alta: “¡Buenos días, bienvenida!”; y a continuación, cuando abre la carta con toda la impaciencia de un sediento que ha encontrado una botella de agua, se encuentra ni más ni menos con un poema de Shaw qi Beg sobre geografia.
No importa, encontraré un largo y complicado y distraído poema de Haleem Effendi Dammoos y te escribiré un análisis detallado de sus versos y te lo enviaré.
Si el poema hubiera llegado el primero de abril habría apreciado la broma, y me habría dicho: “Qué terrible es esta chica, y qué bien conoce el servicio internacional de correos”. Pero el poema llegó el primer día de mayo, el mes de las rosas, ¿y qué había de hacer entonces sino morderme el labio de rabia (pues esto es lo que hacen algunos hombres cuando están furiosos), montar en cólera, gritar amenazas y llenar mi casa de ruido?
Desde luego que estudiaré la sabiduría de las palabras: “Ojo por ojo y diente por diente”, y te enviaré todo lo que la musa ha inspirado a los poetas laureados del verso árabe.
Ahora te pregunto: “¿Cómo voy a pasar el resto del día hasta que te perdone?”. El poema de tu poeta laureado ha llenado mi boca de polvo, y debo quitarme el gusto con veinte tazas de café y veinte cigarrillos; no sólo eso, sino que también debo leer veinte poemas de Keats, Shelley y Blake y un poema de Majnum Layla.
A pesar de todo, abro la palma de la mano… así… como hace la gente…”

-GIBRÁN

-Selección de Alicia Misrahi

.nuestro miedo más profundo

.nuestro miedo más profundo

“Nuestro miedo más profundo no es no ser capaces.
Nuestro miedo más profundo es que somos enormemente poderosos.
Es nuestra luz, no nuestra oscuridad lo que más nos asusta.
Nos preguntamos, quién soy yo para ser brillante, atractivo, talentoso, fabuloso?
De hecho, que NO eres para no serlo? Eres un niño de Dios.
El disminuirse no le sirve al mundo.
No hay nada de sabiduría en encogerse para que otros no se sientan inseguros cerca de uno.
Estamos predestinados a brillar, como los niños lo hacen.
Nacimos para manifestar la gloria de Dios que está dentro nuestro.
No está solo en algunos de nosotros, está en cada uno.
Y cuando dejamos que nuestra luz brille, inconscientemente permitimos que otros hagan lo mismo.
Al liberarnos de nuestros propios miedos, nuestra presencia automáticamente libera a otros.”

-Marianne Williamson