.primaVerA ✿

 primaVera 2014 uno

“El sol y la luna dividen el cielo,
Florece la fragancia en las huesudas ramas del peral:
La tierra se despierta en un suspiro.
El trotamundos solitario se deleita en el sendero.

Es el momento del equinoccio, en que el día y la noche son brevemente iguales. Este día señala el comienzo de la primavera, el aumento de la luz, y el retorno de la vida a la tierra congelada.

Por supuesto, este día sólo representa un momento en el tiempo. La primavera ha estado regresando desde hace tiempo, y sabemos que el verano pronto le seguirá. El ciclo de las estaciones continuará sucesivamente. No hay tal cosa como una verdadera detención en el tiempo, porque todo es un continuo. La naturaleza hace sus propias concordancias como una mera consecuencia a su movimiento; somos nosotros quienes vemos la estructura y le damos nombre a los patrones.

¿Pero quién puede escatimar placeres eventuales a un viajero solitario? Salgamos y disfrutemos el día, deleitémonos en la llegada de la primavera, regocijémonos en el entibiarse de la tierra. Porque aunque la tierra pueda estar cubierta de escarcha, el movimiento y el crecimiento están sucediendo a todo nuestro alrededor. La belleza al desnudo llena nuestros ojos y nos emborracha. Al pasear por las interminables montañas y arroyos, llenando nuestros pulmones con el aliento de los bosques, encontremos confort en ser parte de la naturaleza. La vida ya tiene suficiente miseria y desventuras. La filosofía nos recuerda suficientemente la fugacidad de la vida. Que nos de el encanto de lo efímero, y que silencie a todo aquel que habría de objetarlo.”

Maestro Deng Ming-Dao
Traducción de Karin Usach

primaVera dos

hay una flor…

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1-a

 

Éramos unos niños-Patti Smith…
Sucedió en el mes de julio de 1967 y eran unos niños, pero a partir de entonces Patti Smith y Robert Mapplethorpe sellaron una amistad que solo acabaría con la muerte del gran fotógrafo, en 1989.
De eso habla este espléndido libro de memorias, de la vida en común de dos artistas, los dos entusiastas y apasionados, que cruzaron a grandes pasos la periferia de Nueva York para llegar hasta el centro neurálgico del nuevo arte.
Fue así como acabaron instalándose en el hotel Chelsea y se convirtieron en los protagonistas de un mundo hoy ya perdido donde reinaban Allen Ginsberg, Andy Warhol y sus chicos, y se creaban las grandes bandas de música que marcaron los años finales del siglo XX, mientras el sida hacía estragos.
Lejos de ser un libro triste y nostálgico, Eramos unos niños es un homenaje a la amistad sin trabas, y sus páginas cargadas de vitalidad y humor nos devuelven el sabor de esa gran ciudad donde hubo un tiempo en que casi todo era posible….
“Yo estaba durmiendo cuando él murió.
Había llamado al hospital para desearle las buenas noches como siempre, pero la morfina lo había dejado inconsciente.
Me quedé escuchando su respiración fatigosa, sabiendo que ya nunca volvería a oírlo.
Más tarde, me puse a ordenar mis cosas, mi cuaderno y pluma estilográfica.
El tintero azul cobalto que había sido suyo.
Mi taza de té, mi corazón morado, una bandeja con dientes de leche. Subí los peldaños despacio, contándolos, los catorce, uno a uno. Arropé a mi hija en su cuna, besé a mi hijo dormido. Luego me acosté junto a mi marido recé mis oraciones. «Sigue vivo», recuerdo que susurré. Luego, me dormí.
Me desperté temprano y, al bajar las escaleras, supe que había muerto.
Reinaba un silencio casi absoluto, quebrado únicamente por el sonido del televisor, que se había quedado encendido durante la noche.
Emitían un programa cultural. Se oía una ópera. La pantalla captó mi atención cuando Tosca anunció, con fuerza y dolor, su pasión por el pintor Cavaradossi. Era una fría mañana de marzo y me puse el jersey.
Subí las persianas y el estudio se inundó de luz. Alisé la gruesa tela de lino que cubría mi sillón, escogí un libro de pinturas de Odilon Redon y lo abrí por la imagen de una cabeza de mujer que flota en una franja de mar.
Les yeux clos. Un universo aún por descubrir contenido bajo sus pálidos párpados. Sonó el teléfono y me levanté a cogerlo.
Era Edward, el hermano menor de Robert. Me dijo que había dado a Robert un último beso de mi parte, como había prometido. Me quedé inmóvil, paralizada; luego, despacio, como si estuviera inmersa en un sueño, volví a sentarme. En aquel instante, Tosca comenzó la magnífica aria «Vissi d’arte». «He vivido para el amor, he vivido para el arte.» Cerré los ojos y entrelacé las manos.
La Providencia había dictado cómo sería mi despedida…”
-Patti Smith (“Éramos unos niños”)

 

 

 

 

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.vuelo Nocturno VI

Vuelo Nocturno by MikkoLagerstedt-VI (1)

Vuelo Nocturno by MikkoLagerstedt-VI

Los secretarios dormitaban en las oficinas de Buenos Aires cuando Reviere entró.
No se había quitado el abrigo, ni el sombrero: parecía siempre un eterno viajero; tan poco era el aire que desplazaba su pequeña estatura,
tan grises sus cabellos, y tanto se adaptaban a todos los ambientes sus vestidos anónimos, que pasaba casi inadvertido. Y, sin embargo, el fervor
animó a los hombres. Los secretarios se agitaron, el jefe de oficina consultó urgentemente los últimos papeles, las máquinas de escribir crepitaron.
El telegrafista clavaba sus clavijas en el cuadro y anotaba sobre un voluminoso libro los telegramas.
Rivière sentóse y leyó.
Después de la prueba de Chile, releía la historia de un día feliz en el que las cosas se ordenaban por sí mismas, en el que los mensajes, expedidos por
los aeropuertos uno después de otro, eran sobrios boletines de victoria.
El correo de Patagonia progresaba también con rapidez: se adelantaba su horario, pues los vientos empujaban del Sur al Norte su gran oleaje
favorable.
—Denme los mensajes meteorológicos.
Cada aeropuerto encomiaba su tiempo claro, su cielo transparente, su buena brisa. Una tarde dorada había vestido a América. Rivière regocijóse
de la buena voluntad de las cosas.
En estos momentos, el correo luchaba en alguna parte en la aventura de la noche, pero con las mejores posibilidades.
Rivière apartó el cuaderno.
—Bien.
Y, vigilante nocturno que velaba sobre la mitad del mundo, salió a dar un vistazo a los servicios.
Detúvose ante una ventana abierta y consideró la noche.
Contenía Buenos Aires, pero también, como una enorme nave, toda América.
No se asombró de ese sentimiento de grandeza: el cielo de Santiago de Chile era un cielo extranjero; pero, puesto en marcha el correo hacia Santiago de Chile, se vivía, de un extremo a otro de la línea, bajo la misma bóveda profunda.
De ese otro correo, cuya voz se acechaba en los receptores de T. S. H., los pescadores de Patagonia veían brillar las luces de a bordo.
Esta inquietud de un avión en vuelo, cuando pesaba sobre Rivière, pesaba también sobre las capitales y las provincias, con el ronroneo del motor.
Feliz ahora, por esta noche tan despejada, se acordaba de las noches de desorden en las que el avión se le antojaba peligrosamente hundido y muy
difícil de socorrer.
Desde la estación de Radio de Buenos Aires se seguía su gemido mezclado con los chirridos de las tormentas.
Bajo aquel ruido sordo, se perdía el oro de la onda musical.
¡Qué angustia en el canto menor de un correo lanzado, como dardo ciego, contra los obstáculos de la noche!
Rivière pensó que el puesto de un inspector, en noche de vela, se hallaba en la oficina.
—Búsquenme a Robineau.
Robineau estaba a punto de hacerse amigo de un piloto.
Ante él, en el hotel, había abierto su maleta, que ofrecía esos pequeños objetos por los que los inspectores se parecen a los demás hombres: algunas camisas de dudoso gusto, un neceser completo de aseo, la fotografía de una mujer delgada, que el inspector colgó en la pared.
De este modo, hacía a Pellerin la humilde confesión de sus necesidades, de sus ternuras, de sus pesares.
Alineando en un orden miserable sus tesoros, extendía ante el piloto su miseria: un eczema moral.
Mostraba su prisión.
Sin embargo, para Robineau, como para todos los hombres, existía una pequeña luz.
Había experimentado una gran dulzura al sacar del fondo de su maleta un pequeño estuche, cuidadosamente envuelto.
Lo había golpeteado largo rato sin decir nada.
Luego, abriendo por fin las manos:
—He traído esto del Sahara…
El inspector había enrojecido al atreverse a tal confidencia.
Se consolaba de sus sinsabores, de su infortunio conyugal, y de toda esa gris verdad, con pequeños guijarros negruzcos que abrían una puerta sobre el misterio.
Enrojeciendo algo más:
—Se encuentran otros idénticos en el Brasil…
Y Pellerin había golpeado la espalda de un inspector que se doblaba sobre la Atlántida.
También por pudor Pellerin había preguntado:
—¿Le gusta la Geología?
Sólo las piedras habían sido dulces para él en la vida.
Robineau, cuando fue llamado, se entristeció, pero recobró de nuevo su dignidad.
—Debo dejarle; el señor Rivière me necesita para algunas decisiones graves.
Cuando Robineau penetró en la oficina, Rivière lo había olvidado.
Se hallaba meditabundo ante un mapa donde se destacaba en rojo la red de la Compañía.
El inspector esperaba órdenes.
Después de muchos minutos, Rivière, sin volver la cabeza, le preguntó:
—¿Qué piensa de este mapa, Robineau?
A veces, planteaba jeroglíficos al despertar de un ensueño.
—Este mapa, señor director…
El inspector, en realidad, no pensaba nada, pero, examinando resueltamente el mapa con aire severo, inspeccionaba a bulto Europa y América.
Rivière, por otra parte, continuaba sin comunicárselas, sus meditaciones: «El rostro de esa red es hermoso, pero duro.
Nos ha costado muchos hombres, y hombres jóvenes.
Se impone aquí con la autoridad de las cosas ya construidas, pero ¡cuántos problemas plantea!»
No obstante, el objetivo, para Rivière, lo dominaba todo.
Robineau, de pie a su lado, examinando aún el mapa con la misma firmeza, se enderezaba poco a poco.
De Rivière no esperaba ninguna compasión.
Una vez había probado suerte confesando su vida destrozada por causa de su ridicula enfermedad, pero Rivière le había respondido con un exabrupto:
«Si eso os impide dormir, estimulará también vuestra actividad.»
Era un exabrupto a medias, pues Rivière acostumbraba a afirmar: «Si el insomnio de un músico le hace crear hermosas obras, es un hermoso
insomnio.» Un día, había designado a Leroux: «Dígame si no es hermosa esa fealdad que rechaza el amor…»
Todo lo que de grande tenía Leroux, lo debía tal vez a esa desgracia, que había limitado su vida entera a la del oficio.
—¿Es usted amigo de Pellerin?
—¡Eh…!
—No se lo reprocho.
Rivière dio media vuelta y, con la cabeza inclinada, a cortos pasos, arrastró consigo a Robineau.
Una triste sonrisa, que Robineau no comprendió, le vino a los labios:
—Sin embargo…, sin embargo, usted es el jefe.
—Sí —dijo Robineau.
Rivière pensó que de esa manera, cada noche, una acción se desarrollaba en el cielo como un drama. Una flexión de voluntades podía acarrear un
desastre; tal vez habría que luchar mucho hasta el nuevo día.
—Debe permanecer usted en su papel.
Rivière pesaba sus palabras:
—Tal vez, la próxima noche, ordenará a ese piloto una salida peligrosa:tendrá que obedecer.
—Sí…
—Dispone usted casi de la vida de los hombres, de hombres que valen
más que usted…
Pareció titubear.
—Eso es grave…
Rivière, que continuaba andando lentamente, se detuvo algunos instantes.
—Si le obedecen por amistad, les engaña. Por lo mismo, no tiene usted derecho a ningún sacrificio.
—No… ciertamente.
—Y si ellos creen que la amistad de usted les ahorrará alguna tarea ingrata, también los engañará: será absolutamente necesario que obedezcan.
Siéntese ahí.
Rivière empujaba, suavemente, con la mano, a Robineau hacia su mesa.
—Le voy a situar en su lugar, Robineau.
Si está cansado, no le corresponde a esos hombres el sostenerlo.
Usted es el jefe.
La debilidad de usted es ridicula.
Escriba.
—Yo…
—Escriba: «El inspector Robineau impone al piloto Pellerin tal sanción por tal motivo…»
Ya encontrará un motivo cualquiera.
— ¡Señor director!
—Obre como si lo entendiera, Robineau. Quiera a los que manda. Pero sin decírselo.
Robineau, de nuevo, con gran celo, ordenará limpiar los cubos de hélice.
Una pista de socorro comunicó por T. S. H.: «Avión a la vista. Avión comunica: Baja de régimen; voy a aterrizar.»
Se perdería sin duda media hora.
Rivière experimentó esa irritación que se siente cuando el tren expreso se detiene sobre la vía, y los minutos dejan de librar su lote de llanuras.
La aguja mayor del reloj recorría ahora un espacio muerto: tantos acontecimientos hubieran podido acaecer en esta abertura de compás. }ivière salió para matar la espera; y la noche le pareció vacía, como un teatro sin actor.
«¡Que se pierda una noche así!»
Por la ventana miraba con rencor aquel cielo despejado, cuajado de estrellas, aquel balizaje divino, aquella luna, el oro dilapidado de una noche así.
Pero, desde que el avión despegó de nuevo, la noche fue para Rivière aún más emocionante y más hermosa. Llevaba la vida en sus flancos.
Rivière cuidaba de ella.
—¿Qué tiempo encuentran? —mandó preguntar a la tripulación.
Transcurrieron diez segundos:
—Muy bueno.
Luego arribaron algunos hombres de ciudades atravesadas, que, para Rivière, eran, en esta lucha, ciudades que se rendían.
-Antoine de Saint-Exupéry

#40. Experimentando

40. Experimentando

“Simplemente mira a tu alrededor, mira a los ojos de un niño, o a los ojos de tu amada(o), o de tu madre, o de tu amigo(a), o simplemente ¡siente un árbol!.
¿Has abrazado alguna vez a un árbol?
Abraza a un árbol y un día llegarás a saber que no sólo has abrazado tú al árbol, sino que el árbol también responde, el árbol también te abraza.
Entonces, por primera vez, serás capaz de saber que el árbol no es solamente la forma, que no es solamente un tipo de espécimen del cual hablan los botánicos.
Es un dios desconocido, así de verde en tu jardín, tan lleno de flores en tu jardín, tan cerca de ti, haciéndote señas, llamándote una y otra vez.”

-Osho Dang Dang Doko Dang Chapter 2

Una “experiencia” es algo que se puede transcribir a un libro de apuntes, o captar en una película y pegar en un álbum.
Experimentar es el sentimiento de maravillarse por sí mismo, la emoción de la comunión, el toque suave de nuestra conexión con todo lo que nos rodea.
La mujer, en esta carta, no solamente toca este árbol; está en comunión con él, casi se ha hecho uno con él.
Es un árbol viejo que ha visto muchos tiempos duros.
Ella le toca con suavidad, con reverencia, y lo blanco que hay dentro de su capa refleja la pureza de su corazón.
Ella es humilde, simple y ésta es la forma de acercarse a la naturaleza.
La naturaleza no hace sonar los tambores cuando irrumpe a través de una flor, tampoco entona un canto fúnebre cuando los árboles dejan caer sus hojas en el otoño.
Sin embargo, cuando nos acercamos a ella con el espíritu apropiado, comparte con nosotros muchos secretos.
Si no has oído a la naturaleza susurrándote últimamente, es un buen momento para darle la oportunidad.

 

El Principito 5

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V

Cada día yo aprendía algo nuevo sobre el planeta, sobre la partida y sobre el viaje. Esto venía suavemente al azar de las reflexiones. De esta manera tuve conocimiento al tercer día , del drama de los baobabs.

Fue también gracias al cordero y como preocupado por una profunda duda, cuando el principito me preguntó:

-¿Es verdad que los corderos se comen los arbustos?
-Sí, es cierto.
-¡Ah, qué contesto estoy!

No comprendí por qué era tan importante para él que los corderos se comieran los arbustos. Pero el principito añadió:

-Entonces se comen también los Baobabs.

Le hice comprender al principito que los baobabs no son arbustos, sino árboles tan grandes como iglesias y que incluso si llevase consigo todo un rebaño de elefantes, el rebaño no lograría acabar con un solo baobab.

Esta idea del rebaño de elefantes hizo reír al principito.

-Habría que poner los elefantes unos sobre otros…

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Y luego añadió juiciosamente:

-Los baobabs, antes de crecer, son muy pequeñitos.
-Es cierto. Pero ¿por qué quieres que tus corderos coman los baobabs?
Me contestó: “¡Bueno! ¡Vamos!” como si hablara de una evidencia. Me fue necesario un gran esfuerzo de inteligencia para comprender por mí mismo este problema.

En efecto, en el planeta del principito había, como en todos los planetas, hierbas buenas y hierbas malas. Por consiguiente, de buenas semillas salían buenas hierbas y de las semillas malas, hierbas malas. Pero las semillas son invisibles; duermen en el secreto de la tierra, hasta que un buen día una de ellas tiene la fantasía de despertarse. Entonces se alarga extendiendo hacia el sol, primero tímidamente, una encantadora ramita inofensiva. Si se trata de una ramita de rábano o de rosal, se la puede dejar que crezca como quiera. Pero si se trata de una mala hierba, es preciso arrancarla inmediatamente en cuanto uno ha sabido reconocerla. En el planeta del principito había semillas terribles… como las semillas del baobab. El suelo del planeta está infestado de ellas. Si un baobab no se arranca a tiempo, no hay manera de desembarazarse de él más tarde; cubre todo el planeta y lo perfora con sus raíces. Y si el planeta es demasiado pequeño y los baobabs son numerosos, lo hacen estallar.

“Es una cuestión de disciplina, me decía más tarde el principito. Cuando por la mañana uno termina de arreglarse, hay que hacer cuidadosamente la limpieza del planeta. Hay que dedicarse regularmente a arrancar los baobabs, cuando se les distingue de los rosales, a los cuales se parecen mucho cuando son pequeñitos. Es un trabajo muy fastidioso pero muy fácil”.

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Y un día me aconsejó que me dedicara a realizar un hermoso dibujo, que hiciera comprender a los niños de la tierra estas ideas. “Si alguna vez viajan, me decía, esto podrá servirles mucho. A veces no hay inconveniente en dejar para más tarde el trabajo que se ha de hacer; pero tratándose de baobabs, el retraso es siempre una catástrofe. Yo he conocido un planeta, habitado por un perezoso que descuidó tres arbustos…”

Siguiendo las indicaciones del principito, dibujé dicho planeta. Aunque no me gusta el papel de moralista, el peligro de los baobabs es tan desconocido y los peligros que puede correr quien llegue a perderse en un asteroide son tan grandes, que no vacilo en hacer una excepción y exclamar: “¡Niños, atención a los baobabs!” Y sólo con el fin de advertir a mis amigos de estos peligros a que se exponen desde hace ya tiempo sin saberlo, es por lo que trabajé y puse tanto empeño en realizar este dibujo. La lección que con él podía dar, valía la pena. Es muy posible que alguien me pregunte por qué no hay en este libro otros dibujos tan grandiosos como el dibujo de los baobabs. La respuesta es muy sencilla: he tratado de hacerlos, pero no lo he logrado. Cuando dibujé los baobabs estaba animado por un sentimiento de urgencia.

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-Antoine de Saint-Exupéry

 

.sombras en la lluvia

lluvia en el alma

“…lluvia en el alma profunda
sombras en la medianoche
oleaje necesario
voy descalza bajo el agua:
celebro el fin de los vientos
y las hojas secas
y el comienzo de las yemas renacientes
mis ojos de agua, se asoman a la nueva tierra mojada
ante esta nueva vigilia
a la espera de la palabra que quiero escuchar
el susurro del grillo que ya empezará a regalarme,
su hermosa velada cada noche

y en esta cuenta regresiva
está a punto de alumbrar Ella
clarea más al alba
los árboles, antes secos, ya visten los brotes nuevos.
están mirando al sol
olor rico en el aire que preanuncia lo que viene:
más luz
más piel descubierta y flores abiertas
queda un poco de frío, pero la primera tibieza, ya asomará pronto
se siente el verde, por nacer
hoy llueve si, pero estoy descalza en el pasto húmedo de mi alma
esperando renacer…”

Gabi D.

…se asoma…

cuenta regresiva

.a-diós

a-dios

 

“ Hay que dormir con los ojos abiertos,
hay que soñar con las manos,
soñemos sueños activos de río
buscando su cauce, sueños de sol soñando
sus mundos, hay que soñar en voz alta,
hay que cantar hasta que el canto
eche raíces, tronco, ramas, pájaros, astros. ”

-Octavio Paz (Fragmento de El cántaro roto)

 

 

 

El Principito 4

IV

26

De esta manera supe una segunda cosa muy importante: su planeta de origen era apenas más grande que una casa.

Esto no podía asombrarme mucho. Sabía muy bien que aparte de los grandes planetas como la Tierra, Júpiter, Marte, Venus, a los cuales se les ha dado nombre, existen otros centenares de ellos tan pequeños a veces, que es difícil distinguirlos aun con la ayuda del telescopio. Cuando un astrónomo descubre uno de estos planetas, le da por nombre un número. Le llama, por ejemplo, “el asteroide 3251″.

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Tengo poderosas razones para creer que el planeta del cual venía el principito era el asteroide B 612. Este asteroide ha sido visto sólo una vez con el telescopio en 1909, por un astrónomo turco.

28

Este astrónomo hizo una gran demostración de su descubrimiento en un congreso Internacional de Astronomía. Pero nadie le creyó a causa de su manera de vestir. Las personas mayores son así. Felizmente para la reputación del asteroide B 612, un dictador turco impuso a su pueblo, bajo pena de muerte, el vestido a la europea. Entonces el astrónomo volvió a dar cuenta de su descubrimiento en 1920 y como lucía un traje muy elegante, todo el mundo aceptó su demostración.

29

Si les he contado de todos estos detalles sobre el asteroide B 612 y hasta les he confiado su número, es por consideración a las personas mayores. A los mayores les gustan las cifras. Cuando se les habla de un nuevo amigo, jamás preguntan sobre lo esencial del mismo. Nunca se les ocurre preguntar: “¿Qué tono tiene su voz? ¿Qué juegos prefiere? ¿Le gusta coleccionar mariposas?” Pero en cambio preguntan: “¿Qué edad tiene? ¿Cuántos hermanos? ¿Cuánto pesa? ¿Cuánto gana su padre?” Solamente con estos detalles creen conocerle. Si les decimos a las personas mayores: “He visto una casa preciosa de ladrillo rosa, con geranios en las ventanas y palomas en el tejado”, jamás llegarán a imaginarse cómo es esa casa. Es preciso decirles: “He visto una casa que vale cien mil pesos”. Entonces exclaman entusiasmados: “¡Oh, qué preciosa es!”

De tal manera, si les decimos: “La prueba de que el principito ha existido está en que era un muchachito encantador, que reía y quería un cordero. Querer un cordero es prueba de que se existe”, las personas mayores se encogerán de hombros y nos dirán que somos unos niños. Pero si les decimos: “el planeta de donde venía el principito era el asteroide B 612″, quedarán convencidas y no se preocuparán de hacer más preguntas. Son así. No hay por qué guardarles rencor. Los niños deben ser muy indulgentes con las personas mayores.

Pero nosotros, que sabemos comprender la vida, nos burlamos tranquilamente de los números. A mí me habría gustado más comenzar esta historia a la manera de los cuentos de hadas. Me habría gustado decir:

“Era una vez un principito que habitaba un planeta apenas más grande que él y que tenía necesidad de un amigo…” Para aquellos que comprenden la vida, esto hubiera parecido más real.

Porque no me gusta que mi libro sea tomado a la ligera. Siento tanta pena al contar estos recuerdos. Hace ya seis años que mi amigo se fue con su cordero. Y si intento describirlo aquí es sólo con el fin de no olvidarlo. Es muy triste olvidar a un amigo. No todos han tenido un amigo. Y yo puedo llegar a ser como las personas mayores, que sólo se interesan por las cifras. Para evitar esto he comprado una caja de lápices de colores. ¡Es muy duro, a mi edad, ponerse a aprender a dibujar, cuando en toda la vida no se ha hecho otra tentativa que la de una boa abierta y una boa cerrada a la edad de seis años! Ciertamente que yo trataré de hacer retratos lo más parecido posibles, pero no estoy muy seguro de lograrlo. Uno saldrá bien y otro no tiene parecido alguno. En las proporciones me equivoco también un poco. Aquí el principito es demasiado grande y allá es demasiado pequeño. Dudo también sobre el color de su traje. Titubeo sobre esto y lo otro y unas veces sale bien y otras mal. Es posible, en fin, que me equivoque sobre ciertos detalles muy importantes. Pero habrá que perdonármelo ya que mi amigo no me daba nunca muchas explicaciones. Me creía semejante a sí mismo y yo, desgraciadamente, no sé ver un cordero a través de una caja. Es posible que yo sea un poco como las personas mayores. He debido envejecer.

-Antoine de Saint-Exupéry

#39. Posibilidades

39. Posibilidades

“La mente puede aceptar límites en cualquier parte.
Pero la realidad es que, por su naturaleza misma, la existencia no puede tener límites, porque ¿existirá más allá de los límites?.
Nuevamente otro cielo.
Es por esto que estoy diciendo que hay cielos sobre cielos disponibles para tu vuelo.
No te conformes fácilmente.
Aquello que se contentan fácilmente permanecen pequeños:
pequeños sus goces, pequeños sus éxtasis, pequeños sus silencios, pequeños en su ser.
Pero no hace falta!
Esta pequeñez es tu propia imposición sobre tu libertad, sobre tus posibilidades ilimitadas, sobre tu potencial ilimitado.”

-Osho Live Zen Chapter 2

El águila tiene una perspectiva de todas las posibilidades contenidas en el paisaje de abajo, al volar libremente, naturalmente y sin esfuerzo, por el cielo.
Él está en su dominio, grandioso y auto-contenido.
Esta carta indica que tú estás en el punto en que un mundo de posibilidades se abre para ti.
Porque te has vuelto más amoroso contigo mismo, más auto-contenido, puedes fácilmente trabajar con otros.
Porque estás más relajado y a gusto, puedes reconocer las posibilidades cuando se te presentan, a veces aún antes que otros lo puedan ver.
Porque estás en sintonía con tu propia naturaleza, puedes comprender que la existencia te está proveyendo con exactamente lo que necesitas.
¡Goza el vuelo!
Y celebra toda la variedad de maravillas del paisaje que se abre ante ti.

 

.no ignores la tristeza.

no-ignores-la-tristeza-24-04-2011

(Perrin callejero de Monte Grande)

“No ignores la tristeza
Ábrele espacio para que respire.
La tristeza es un hueco en el amor.
Una fuga transitoria de energía.
Un camino hacia uno mismo.
La revisión profunda de algún espacio roto.
No ignores la tristeza.
Pues toda emoción es necesaria y conveniente.
La tristeza te ayuda a detenerte temporalmente.
A alejarte de todo lo mundano.
Te deja en la puerta de un nuevo comienzo.
No ignores la tristeza.
Escucha su mudez, siente su calma.
Ella no pretende avergonzarte.
No todos los días son soleados.
Todo tiene un lado débil.
No ignores la tristeza.
Permítele que hable en su dialecto.
Que te conduzca hasta el final de la bajada.
Y cuando vuelva la otra fase de la Luna
el rayo de luz traspasará el prisma
y volverá a encenderse de colores tu alegría.
No ignores la tristeza.
Todas tus emociones son importantes y necesarias.
No siempre estarás en el lado fuerte.
Expresa lo que sientes.
Pronto volverás a estar alegre…”
-Renny Yagosesky

 

 

 

.claroscuro

claroscuro

“You don´t know what you got, untill you lose it”

-y.o. nyc ´98

Don’t be afraid
It’s just the wind and light
Don’t be afraid
This house is very strange
In the morning we’ll be gone, don’t be afraid
We’ll watch the dawn till the sun comes up
Drinking coffee from our favorite cup
Girl, you’ve been good to me, so don’t be afraid tonight
Don’t be afraid
It’s just the cats at play
Don’t be afraid
They do it night and day, very strange
They’ve gone by the morning, so don’t be afraid of me
We’ll dream around till the dawn comes up
Drinking coffee from our favorite cup
Girl, you’ve been good to me, don’t be afraid tonight
Don’t be afraid
Don’t be afraid
Don’t be afraid
Mr. Hyde, he’s really gone away
Won’t be back till next full moon
So we can bill and spoon
In June and croon, bewoon, bewoon, be
Can you stand it?

Vuelo Nocturno V

Vuelo Nocturno by MikkoLagerstedt-V

Vuelo Nocturno by MikkoLagerstedt-V (1)

Vuelo Nocturno by MikkoLagerstedt-V (2)

“Aquella noche Robineau se sentía fatigado.
Acababa de descubrir, frente a Pellerin vencedor, que su propia vida era gris.
Acababa sobre todo de descubrir que él, Robineau, a pesar de su título de inspector y de su autoridad, valía menos que ese hombre quebrantado por la fatiga, acurrucado en el ángulo del coche, con los ojos cerrados y las manos negras de aceite.
Por primera vez, Robineau admiraba.
Necesitaba decirlo.
Necesitaba, sobre todo, ganarse una amistad.
Estaba cansado de su viaje y de sus yerros del día; tal vez incluso se sentía ridículo.
Se había confundido, esta tarde, en sus cálculos, al comprobar la reserva de combustible, y el mismo agente al que deseaba sorprender, movido por la piedad, se los había terminado.
Pero, sobre todo, había criticado el montaje de una elevadora de aceite tipo B. 6 confundiéndola con una del tipo B. 4, y los mecánicos, socarrones, le habían dejado reprender durante veinte minutos «una ignorancia que nada excusa», su propia ignorancia.
Tenía miedo también a su habitación en el hotel.
De Toulouse a Buenos Aires, volvía invariablemente a ella después del trabajo.
Se encerraba bajo llave, con secretos de los que se sentía fatigado, sacaba de su maleta un pliego de papel, escribía lentamente «Informe», aventuraba algunas líneas, y lo rompía todo.
Hubiera deseado salvar la Compañía de algún gran peligro.
Pero la Compañía no peligraba.
Hasta ahora sólo había salvado un cubo de hélice atacado de orín.
Había pasado su dedo sobre aquella herrumbre, con
un aire fúnebre, lentamente, ante un jefe de aeropuerto, quien le había respondido: «Diríjase a la escala precedente: ese avión acaba de llegar.»
Robineau dudaba de su actuación.
Para aproximarse a Pellerin, aventuró:
—¿Quiere cenar conmigo? Tengo necesidad de conversación; mi profesión, a veces, es tan dura…
Luego, corrigió para no descender con demasiada rapidez:
— ¡Tengo tantas responsabilidades!
Sus subalternos no tenían ningún deseo de introducir a Robineau en su vida privada.
Todos pensaban: «Si aún no ha encontrado nada para su informe, como tiene un hambre atroz, me devorará a mí.»
Pero Robineau, esta noche, no pensaba más que en sus miserias: el cuerpo mortificado por un molesto eczema, su único secreto verdadero; hubiera
deseado explicarlo, hacerse compadecer, pues como no encontraba consuelo en el orgullo, lo buscaba en la humildad…”
-Antoine de Saint-Exupéry

 

#38. Aventura

38. Aventura

“El Zen dice que la verdad no tiene nada que ver con la autoridad, que la verdad no tiene nada que ver con la tradición, que la verdad no tiene nada que ver con el pasado.
La verdad es una realización radical, personal.
Tu tienes que llegar a ella.
El conocimiento viene, ciertamente.
La búsqueda del conocimiento personal es muy, muy ardua.
Nadie la puede garantizar.
Si me preguntas si puedo garantizar algo, yo solo te puedo garantizar una larga aventura, con todas las posibilidades de perderte y no llegar nunca a la meta.
Sin embargo hay algo cierto: la misma búsqueda te ayudará a crecer.
Solamente puedo garantizarte crecimiento.
Habrá peligro, habrá sacrificio, cada día te moverás hacia lo desconocido, hacia lo imprevisto y no habrá un mapa que seguir, ninguna guía para seguir.
Sí, hay millones de peligros y te puedes perder, te puedes distraer, pero esta es la única forma en la que uno crece.
La inseguridad es la única forma de crecer; enfrentar el peligro es la única forma de crecer; aceptar el desafío de lo desconocido es la única forma de crecer.”

-Osho Dang Dang Doko Dang Chapter 7

Cuando en verdad tenemos el espíritu de aventurero, nos movemos precisamente como este niño. Llenos de confianza, salimos de la oscuridad del bosque hacia el arco iris de luz.
Vamos paso a paso, atraídos por nuestro sentido del asombro, hacia lo desconocido.
La aventura, en realidad, no tiene nada que ver con mapas, planes y programas de organización.
El Paje del Arco Iris representa una cualidad que puede venir a nosotros en cualquier lugar:
en casa o en la oficina, en el desierto o en la ciudad, en un proyecto creativo o en nuestras propias relaciones con otros.
Cada vez que nos movemos hacia lo nuevo y lo desconocido con el espíritu confiado de un niño inocente, abierto y vulnerable, incluso las cosas más pequeñas de la vida pueden convertirse en las aventuras más grande.
Cuando en verdad tenemos el espíritu de aventurero, nos movemos precisamente como este niño. Llenos de confianza, salimos de la oscuridad del bosque hacia el arco iris de luz.
Vamos paso a paso, atraídos por nuestro sentido del asombro, hacia lo desconocido.
La aventura, en realidad, no tiene nada que ver con mapas, planes y programas de organización.
El Paje del Arco Iris representa una cualidad que puede venir a nosotros en cualquier lugar:
en casa o en la oficina, en el desierto o en la ciudad, en un proyecto creativo o en nuestras propias relaciones con otros.
Cada vez que nos movemos hacia lo nuevo y lo desconocido con el espíritu confiado de un niño inocente, abierto y vulnerable, incluso las cosas más pequeñas de la vida pueden convertirse en las aventuras más grande.

El Principito 3

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III
Me costó mucho tiempo comprender de dónde venía. El principito, que me hacía muchas preguntas, jamás parecía oír las mías. Fueron palabras pronunciadas al azar, las que poco a poco me revelaron todo. Así, cuando distinguió por vez primera mi avión (no dibujaré mi avión, por tratarse de un dibujo demasiado complicado para mí) me preguntó:

-¿Qué cosa es esa? -Eso no es una cosa. Eso vuela. Es un avión, mi avión.

Me sentía orgulloso al decirle que volaba. El entonces gritó:

-¡Cómo! ¿Has caído del cielo? -Sí -le dije modestamente. -¡Ah, que curioso!

Y el principito lanzó una graciosa carcajada que me irritó mucho. Me gusta que mis desgracias se tomen en serio. Y añadió:

-Entonces ¿tú también vienes del cielo? ¿De qué planeta eres tú?

Divisé una luz en el misterio de su presencia y le pregunté bruscamente:

-¿Tu vienes, pues, de otro planeta?

Pero no me respondió; movía lentamente la cabeza mirando detenidamente mi avión.

-Es cierto, que, encima de eso, no puedes venir de muy lejos…

Y se hundió en un ensueño durante largo tiempo. Luego sacando de su bolsillo mi cordero se abismó en la contemplación de su tesoro.

Imagínense cómo me intrigó esta semiconfidencia sobre los otros planetas. Me esforcé, pues, en saber algo más:

-¿De dónde vienes, muchachito? ¿Dónde está “tu casa”? ¿Dónde quieres llevarte mi cordero?

Después de meditar silenciosamente me respondió:

-Lo bueno de la caja que me has dado es que por la noche le servirá de casa. -Sin duda. Y si eres bueno te daré también una cuerda y una estaca para atarlo durante el día.

Esta proposición pareció chocar al principito.

-¿Atarlo? ¡Qué idea más rara! -Si no lo atas, se irá quién sabe dónde y se perderá…

Mi amigo soltó una nueva carcajada.

-¿Y dónde quieres que vaya? -No sé, a cualquier parte. Derecho camino adelante…

Entonces el principito señaló con gravedad:

-¡No importa, es tan pequeña mi tierra!

Y agregó, quizás, con un poco de melancolía:

-Derecho, camino adelante… no se puede ir muy lejos.

-Antoine de Saint-Exupéry

50 PELÍCULAS PARA ABRIR LA CONCIENCIA

Originalmente publicado en Carmelo Urso:

ALICIA BEATRIZ ZAZU
Hola mis Queridos Compañeros de Viaje , les comparto una recopilación de 50 enlaces de películas completas y documentales en YouTube de apertura de conciencia y Espiritualidad que  Compartió Danni de Junin.
Espero ustedes del mismo modo lo compartan y wowwwwww  cada segundo somos mas los que estamos Dandonos Cuenta del Salto de la Conciencia!!!!!
Al final hay un enlace para bajar a su pc un programa recomendado para poder descargar los videos de YouTube, si quieren evaluar otros programas pueden hacerlo en:
1] 2012 LA NUEVA CONSCIENCIA. Dr.Oscoy [película documental con audio en español - 91 minutos]
¿Que va a suceder en el 2012?… ¿realmente se va acabar el mundo?…
En este documental el Dr. Oscoy te explica que es lo que va a suceder y el porqueestamos aquí.
2] CONVERSACIONES CON DIOS. [película con audio en español - 105 minutos]
Esta pelicula…

Ver original 6.155 palabras más

#37. Lentamente bajando

37. Lentamente bajando

“La meditación es una forma de medicina: se usa solamente por el momento.
Una vez has aprendido la cualidad, no necesitas hacer una meditación en particular, la meditación se ha extendido a toda tu vida.
Caminar es Zen, sentarse es Zen.
Entonces, ¿Cuál será la cualidad?
Observando, alerta, gozoso, sin metas, centrado, amoroso, fluyendo, uno camina.
Y la caminata se convierte en un paseo.
Amoroso, alerta, observador, sin motivos.
No te sientas por un motivo particular.
Simplemente disfrutas de lo hermoso que es sentarse sin hacer nada, qué relajante, cómo descansa… Después de una caminata, te sientas debajo de un árbol y la brisa viene y te refresca.
A cada momento uno tiene que encontrarse a gusto con uno mismo, sin intentar mejorar, sin cultivar nada, sin practicar nada.
Caminar es Zen, sentarse es Zen.
Hablando o en silencio, moviéndose o inmóvil, la esencia se encuentra a gusto.
La esencia se encuentra a gusto, ésta es la frase clave.
Esta es la llave resumida, hagas lo que hagas, en lo más profundo de tu ser permanece a gusto, fresco, calmado, centrado. “

-Osho The Sun Rises in the Evening Chapter 7

El Caballero del Arco Iris nos recuerda que, precisamente como esta tortuga, cargamos con nuestra casa a cualquier sitio donde vamos.
No hay necesidad de afanarse, no hay necesidad de buscar refugio en todas partes.
Aunque nos movamos en las profundidades de las aguas emocionales, podemos permanecer contentos con nosotros mismos y libres de ataduras.
Es un momento en que estás listo para abandonar todo tipo de expectativas que has tenido sobre ti mismo y sobre otra gente, y asumir la responsabilidad por cualquier ilusión que hayas podido estar llevando.
No hay necesidad de hacer nada más que descansar en la plenitud de lo que eres ahora mismo.
Si deseos, esperanzas y sueños se están disolviendo, tanto mejor.
Su desaparición está abriendo espacio para que se produzca una nueva cualidad de quietud y aceptación de lo que es, y serás capaz de dar la bienvenida a ese desarrollo de una forma que nunca fuiste capaz de hacer antes.
Saborea esta cualidad de ir más despacio, de llegar a descansar y reconocer que ya estás en casa.

El Principito 2

II

Viví así, solo, nadie con quien poder hablar verdaderamente, hasta cuando hace seis años tuve una avería en el desierto de Sahara. Algo se había estropeado en el motor. Como no llevaba conmigo ni mecánico ni pasajero alguno, me dispuse a realizar, yo solo, una reparación difícil. Era para mí una cuestión de vida o muerte, pues apenas tenía agua de beber para ocho días.

La primera noche me dormí sobre la arena, a unas mil millas de distancia del lugar habitado más próximo. Estaba más aislado que un náufrago en una balsa en medio del océano. Imagínense, pues, mi sorpresa cuando al amanecer me despertó una extraña vocecita que decía:

- ¡Por favor… píntame un cordero!
-¿Eh?
-¡Píntame un cordero!
Me puse en pie de un salto como herido por el rayo. Me froté los ojos. Miré a mi alrededor. Vi a un extraordinario muchachito que me miraba gravemente. Ahí tienen el mejor retrato que más tarde logré hacer de él, aunque mi dibujo, ciertamente es menos encantador que el modelo. Pero no es mía la culpa. Las personas mayores me desanimaron de mi carrera de pintor a la edad de seis años y no había aprendido a dibujar otra cosa que boas cerradas y boas abiertas.

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Miré, pues, aquella aparición con los ojos redondos de admiración. No hay que olvidar que me encontraba a unas mil millas de distancia del lugar habitado más próximo. Y ahora bien, el muchachito no me parecía ni perdido, ni muerto de cansancio, de hambre, de sed o de miedo. No tenía en absoluto la apariencia de un niño perdido en el desierto, a mil millas de distancia del lugar habitado más próximo. Cuando logré, por fin, articular palabra, le dije:

- Pero… ¿qué haces tú por aquí?

Y él respondió entonces, suavemente, como algo muy importante:

-¡Por favor… píntame un cordero!

Cuando el misterio es demasiado impresionante, es imposible desobedecer. Por absurdo que aquello me pareciera, a mil millas de distancia de todo lugar habitado y en peligro de muerte, saqué de mi bolsillo una hoja de papel y una pluma fuente. Recordé que yo había estudiado especialmente geografía, historia, cálculo y gramática y le dije al muchachito (ya un poco malhumorado), que no sabía dibujar.

- No importa – me respondió-, píntame un cordero!

Como nunca había dibujado un cordero, rehíce para él uno de los dos únicos dibujos que yo era capaz de realizar: el de la serpiente boa cerrada. Y quedé estupefacto cuando oí decir al hombrecito:

- ¡No, no! Yo no quiero un elefante en una serpiente. La serpiente es muy peligrosa y el elefante ocupa mucho sitio. En mi tierra es todo muy pequeño. Necesito un cordero. Píntame un cordero.

Dibujé un cordero. Lo miró atentamente y dijo:

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-¡No! Este está ya muy enfermo. Haz otro.

Volví a dibujar.

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Mi amigo sonrió dulcemente, con indulgencia.

-¿Ves? Esto no es un cordero, es un carnero. Tiene Cuernos…

Rehice nuevamente mi dibujo: fue rechazado igual que los anteriores.

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-Este es demasiado viejo. Quiero un cordero que viva mucho tiempo.

Falto ya de paciencia y deseoso de comenzar a desmontar el motor, garrapateé rápidamente este dibujo, se lo enseñé, y le agregué:

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-Esta es la caja. El cordero que quieres está adentro. Con gran sorpresa mía el rostro de mi joven juez se iluminó:

-¡Así es como yo lo quería! ¿Crees que sea necesario mucha hierba para este cordero?
-¿Por qué?
-Porque en mi tierra es todo tan pequeño…

Se inclinó hacia el dibujo y exclamó:

-¡Bueno, no tan pequeño…! Está dormido…

Y así fue como conocí al principito.

 

-Antoine de Saint-Exupéry

.tu cuerpo está a mi lado

tu cuerpo está a mi lado

(little eros en mi jardin)

“Tu cuerpo está a mi lado
fácil, dulce, callado.
Tu cabeza en mi pecho se arrepiente
con los ojos cerrados
y yo te miro y fumo
y acaricio tu pelo, enamorado.
Esta mortal ternura con que callo
te está abrazando a ti mientras yo tengo
inmoviles mis brazos.
Miro mi cuerpo, el muslo
en que descansa tu cansancio,
tu blando seno oculto y apretado
y el bajo y suave respirar de tu vientre
sin mis labios.
Te digo a media voz
cosas que invento a cada rato
y me pongo de veras triste y solo
y te beso como si fueras tu retrato.
Tú, sin hablar, me miras
y te aprietas a mí y haces tu llanto
sin lágrimas, sin ojos, sin espanto.
Y yo vuelvo a fumar, mientras las cosas
se ponen a escuchar lo que no hablamos…”

-Jaime Sabines

 

.por que…

 por que escribo

(cielito de Bernal)

“Escribo porque no sé cantar, sino desafinar bajo la ducha
escribo porque no soy un gran atleta, sólo camino con mis pensamientos
peldaño a peldaño se elevan al cielo cada noche y me atrapan en los sueños
sólo sé que me despierto con una palabra en los labios
y me urge escribirla en un papel
me quema en la piel y sólo sacarla en letras, apaga el fuego interior que se desata en mi interior
escribo porque no sé tocar un instrumento
mis dedos no recuerdan los años de pianista de la niñez
cinco años donde viejos acordes que soñaban con Debussy
garabatean hoy simples letras
que a veces tienen su propia sinfonia un tanto desafinada -creo yo-
escribo porque no sé pintar una acuarela
aunque mi pincel es un corazón desembocado
acuoso y multicolor
mi paleta tiene toda la escala cromática
una eternidad que se desvela con amor por espasmos como en una sala de espera
de una parturienta ansiosa
porque siempre tengo versos a punto de nacer
y mi alma cambia de color
porque atravieso todos los matices -me trepo a ellos-
entre el silencio y la bruma
entre la calma y la espera
entre mares de siglos
entre esto que me invade y me convoca,
escribo…”

Gabi D.

(Gabriella’s Song, from the movie “As It Is In Heaven”)

Lyrics: Py Bäckman/Helen Sjöholm

“It is now that my life is mine
I’ve got this short time on earth
And my longing has brought me here
All I lacked and all I gained
And yet it’s the way that I chose
My trust was far beyond words
That has shown me a little bit
Of the heaven I’ve never found
I want to feel I’m alive
All my living days
I will live as I desire
I want to feel I’m alive
Knowing I was good enough
I have never lost who I was
I have only left it sleeping
Maybe I never had a choice
Just the will to stay alive
All I want is to be happy
Being who I am
To be strong and to be free
To see day arise from night
I am here and my life is only mine
And the heaven I thought was there
I’ll discover it there somewhere
I want to feel that I’ve lived my life!”

———————————————–

“Es ahora que mi vida es mía
Tengo este corto tiempo en la tierra
Y mi anhelo me ha traído aquí
Todo lo que faltaba y todo lo que gané
Y sin embargo, es la forma que he elegido
Mi confianza fue mucho más allá de las palabras
Eso me ha mostrado un poco
De los cielos nunca he encontrado
Quiero sentir que estoy vivo
Todos mis días de vida
Voy a vivir como yo deseo
Quiero sentir que estoy vivo
Sabiendo que era lo suficientemente bueno
Nunca he perdido lo que yo era
Sólo he dejado dormir
Tal vez yo nunca tuve una elección
Sólo la voluntad de seguir con vida
Todo lo que quiero es ser feliz
Ser quien soy
Para ser fuerte y ser libre
Para ver los días surgen de la noche
Yo estoy aquí y mi vida es sólo mía
Y el cielo pensé estaba allí
Voy a descubrir que existe en alguna parte
Quiero sentir que he vivido mi vida!”

.los miedos

los miedos

 

Una vez lei que para superar los miedos primero hay que amarlos.
Que el que supera sus miedos no tendra miedo de superarse.
Y el que ama sus miedos no tiene miedo de amar.
Y que los defectos son talentos en potencia.
Es decir, que los defectos ocultan en realidad talentos.
Que asi como la crisálida se transforma en mariposa, ese defecto puede transformarse en virtud.
Porque amar es ver la esencia del otro y completar su ser….

 

El Principito 1-

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Dedicado a VOS (que no perdiste tu alma de niño)

 

I

Cuando yo tenía seis años vi en un libro sobre la selva virgen que se titulaba “Historias vividas”, una magnífica lámina. Representaba una serpiente boa que se tragaba a una fiera. Esta es la copia del dibujo.

1

En el libro se afirmaba: “La serpiente boa se traga su presa entera, sin masticarla. Luego ya no puede moverse y duerme durante los seis meses que dura su digestión”.

Reflexioné mucho en ese momento sobre las aventuras de la jungla y a mi vez logré trazar con un lápiz de colores mi primer dibujo. Mi dibujo número 1 era de esta manera:

2

Enseñé mi obra de arte a las personas mayores y les pregunté si mi dibujo les daba miedo.

-¿por qué habría de asustar un sombrero? – me respondieron.

Mi dibujo no representaba un sombrero. Representaba una serpiente boa que digiere un elefante. Dibujé entonces el interior de la serpiente boa a fin de que las personas mayores pudieran comprender. Siempre estas personas tienen necesidad de explicaciones. Mi dibujo número 2 era así:

3

Las personas mayores me aconsejaron abandonar el dibujo de serpientes boas, ya fueran abiertas o cerradas, y poner más interés en la geografía, la historia, el cálculo y la gramática. De esta manera a la edad de seis años abandoné una magnífica carrera de pintor. Había quedado desilusionado por el fracaso de mis dibujos número 1 y número 2. Las personas mayores nunca pueden comprender algo por sí solas y es muy aburrido para los niños tener que darles una y otra vez explicaciones.

Tuve, pues, que elegir otro oficio y aprendía pilotear aviones. He volado un poco por todo el mundo y la geografía, en efecto, me ha servido de mucho; al primer vistazo podía distinguir perfectamente la China de Arizona. Esto es muy útil, sobre todo si se pierde uno durante la noche.

A lo largo de mi vida he tenido multitud de contactos con multitud de gente seria. Viví mucho con personas mayores y las he conocido muy de cerca; pero esto no ha mejorado demasiado mi opinión sobre ellas.

Cuando me he encontrado con alguien que me parecía un poco lúcido, lo he sometido a la experiencia de mi dibujo número 1 que he conservado siempre. Quería saber si verdaderamente era un ser comprensivo. E invariablemente me contestaban siempre: “Es un sombrero”. Me abstenía de hablarles de la serpiente boa, de la selva virgen y de las estrellas. Poniéndome a su altura, les hablaba del bridge, del golf, de política y de corbatas. Y mi interlocutor se quedaba muy contento de conocer a un hombre tan razonable.

-Antoine de Saint-Exupéry

.vuelo Nocturno IV

Vuelo Nocturno by MikkoLagerstedt-IV- Vuelo Nocturno by MikkoLagerstedt-IV- (1) Vuelo Nocturno by MikkoLagerstedt-IV- (2)

Rivière miraba a Pellerin. Cuando éste, dentro de veinte minutos, descendiese del coche, se perdería entre la muchedumbre con un sentimiento
de lasitud y pesadez.
Pensaría tal vez: «Estoy cansado… ¡Cochino oficio!»
Y a su mujer le confesaría algo como: «Se está mejor aquí que sobre los Andes.»
Pero no obstante, se había casi desprendido de él todo lo que los hombres estiman de modo singular: acababa de conocer su miseria.
Acababa de vivir unas horas sobre la otra faz de la decoración, sin saber si le sería permitido hallar de nuevo esa ciudad, con sus luces.
Si encontraría incluso, amigas de la infancia, enojosas pero queridas, esas pequeñas debilidades del hombre.
«En toda multitud hay hombres —pensaba Rivière— a quienes nadie distingue, pero que son prodigiosos mensajeros. Y ni ellos lo saben. A menos que…»
Rivière temía a ciertos admiradores: sus exclamaciones disminuían al hombre, falseaban el sentido de la aventura, cuyo carácter sagrado no comprendían.
Pero Pellerin guardaba aquí toda su grandeza de saber simplemente, mejor que nadie, lo que vale el mundo entrevisto bajo cierta luz, y de rechazar las aprobaciones vulgares con un rudo desdén.
Rivière le felicitó: «¿Cómo os las habéis arreglado?» Y lo estimó por hablar en términos del oficio, por hablar de su vuelo como un herrero de su yunque.
Pellerin explicó primero su retirada cortada.
Casi se excusaba: «Así, pues, no pude escoger.» Después, no había visto nada más; la nieve le cegaba.
Pero las violentas corrientes de aire le habían salvado, levantándolo a siete mil metros. «Seguramente durante toda la travesía, me he mantenido a ras de las crestas.» Habló también del giróscopo, cuya entrada de aire sería preciso cambiar de sitio: la nieve la obturaba: «Se forma escarcha.» Más tarde, otras corrientes habían derribado a Pellerin, que no comprendía cómo, a tres mil metros, no se había estrellado contra nada.
Es que volaba ya sobre la llanura.
«De repente me he dado cuenta de ello, al irrumpir de improviso en un cielo puro», explicó, finalmente, que en aquel instante había tenido la impresión de salir de una caverna.
—¿Tempestad también en Mendoza?
—No, he aterrizado con cielo limpio, sin viento. Pero la tempestad me seguía de cerca.
La describía porque, decía, «a pesar de todo era extraña».
La cima se perdía, muy alta, en las nubes de nieve, pero la base rodaba sobre la llanura
como si fuese lava negra. Una a una, las ciudades eran tragadas: «Jamás lo había visto…» Luego se calló, embargado por algún recuerdo.
Riviere se volvió hacia el inspector.
—Es un ciclón del Pacífico; se nos ha prevenido demasiado tarde. Esos ciclones, no obstante, nunca van más allá de los Andes.
Nadie podía prever que el de ahora proseguiría su marcha hacia el Este.
El inspector, que nada sabía de ello, aprobó.
El inspector parecía titubear; se volvió hacia Pellerin, y agitóse la nuez en la garganta, pero guardó silencio. Después de reflexionar, mirando de nuevo
recto ante él, recobró su melancólica dignidad.
La arrastraba consigo, como un equipaje, esa melancolía. Desembarcado la víspera en Argentina, llamado por Rivière para imprecisas tareas, estaba
embarazado con sus grandes manos y con su dignidad de inspector. No tenía derecho a admirar ni la fantasía, ni la inspiración: por su profesión, admiraba la puntualidad. Sólo tenía derecho a beber un vaso en compañía, a tutear a un camarada, y a aventurar un juego de palabras, cuando, por una casualidad inverosímil, se encontraba, en la misma escala, con otro inspector.
«Es pesado ser juez», pensaba.
En realidad no juzgaba, sólo meneaba la cabeza. Ignorándolo todo, meneaba la cabeza, lentamente, ante lo que encontraba, fuese lo que fuese.
Esa actitud desazonaba a las conciencias negras y contribuía a la buena conservación del material. No era amado, pues un inspector no ha sido
creado para las delicias del amor, sino para la redacción de informes. Había renunciado a proponer en ellos métodos nuevos y soluciones técnicas, desde que Rivière había escrito: «Se ruega al inspector Robineau que no nos mande poemas, sino informes. El inspector Robineau utilizará felizmente su competencia, estimulando su celo personal.» Y así se lanzó desde entonces, como sobre su pan cotidiano, sobre las flaquezas humanas: sobre el
mecánico que bebía, sobre el jefe de aeropuerto que pasaba noches toledanas, sobre el piloto que rebotaba al aterrizar.
Rivière decía de él: «No es muy inteligente; por eso presta grandes servicios.» Un reglamento hecho por Rivière era, para Rivière, conocimiento
de los hombres; mas para Robineau no existía nada más que un conocimiento del reglamento.
«Por todas las salidas retrasadas, Robineau —le había dicho un día Rivière—, debéis descontar las primas de exactitud.»
«¿Incluso en caso de fuerza mayor? ¿Incluso debido a la niebla?»
«Incluso debido a la niebla.»
Y Robineau sentíase orgulloso de tener un jefe que, por severo, no temía ser injusto. De ese poder, a tal extremo ofensivo, sacaba él mismo cierta
majestad.
«Han dado ustedes la salida a las seis quince —repetía más tarde a los jefes de los aeropuertos—, no les podremos pagar su prima.»
«Pero, señor Robineau, a las cinco y media ¡no se veía ni a diez metros!»
«Es lo que dice el reglamento.»
«¡Pero, señor Robineau, no podemos barrer la niebla!»
Y Robineau se atrincheraba en su misterio.
Pertenecía a la dirección. Él sólo, entre esos perinolas, era quien comprendía cómo, castigando a los hombres, se mejoraba el tiempo.
«No piensa nada —decía de él Rivière—; eso le evita pensar mal.»
Si un piloto destrozaba un aparato, aquel piloto perdía su prima de conservación.
«Pero ¿y cuando la avería ha tenido lugar encima de un bosque?», se había informado Robineau.
«Encima de un bosque, también.»
Y Robineau se lo tenía por dicho.
«Lo deploro —contestaba más tarde a los pilotos, con viva embriaguez—; lo deploro infinitamente; hubiese sido preciso tener la avería en otro lugar.»
«Pero, señor Robineau, ¡no se puede escoger!»
«Lo dice el reglamento.»
«El reglamento —pensaba Rivière— es como los ritos de una religión, que parecen absurdos pero forman a los hombres.» Le era igual que lo
tuviesen por justo o por injusto. Tal vez estas palabras ni siquiera tenían sentido para él. Los pequeños burgueses de las pequeñas ciudades dan
vueltas, en el crepúsculo, alrededor de su quiosco de música y Rivière pensaba: «¿Justo o injusto, con respecto a ellos?; esto carece de sentido:
ellos no existen.» El hombre era, para él, cera virgen que se debía moldear.
Se debía dar un alma a esa materia, crearle una voluntad. No creía esclavizarlos con dureza, sino lanzarlos fuera de ellos mismos. Si castigaba todo
retraso, cometía una injusticia, pero dirigida hacia la salida, la voluntad de cada escala creaba esa voluntad. No permitiendo que los hombres se
regocijasen por un tiempo cerrado, como si fuera una invitación al reposo, los tenía pendientes de que clarease; y la espera humillaba secretamente
hasta al más oscuro peón. Se aprovechaba así la primera imperfección de la armadura: «Despejado en el Norte, ¡listos!» Gracias a Rivière, sobre quince mil kilómetros, el culto al correo lo dominaba todo.
Rivière algunas veces decía:
«Esos hombres son felices, porque aman lo que hacen, y lo aman porque soy duro.»
Tal vez hacía padecer, pero también proporcionaba a los hombres armados grandes alegrías. «Es preciso empujarlos —pensaba— hacia una vida fuerte, que entrañe dolores y alegrías, pero es la única que vale.»
Como ya el coche entraba en la ciudad, Rivière mandó que los condujeran a las oficinas de la Compañía. Robineau, que se había quedado solo con
Pellerin, miró a éste, y entreabrió los labios para hablar.
-Antoine de Saint-Exupéry

#36. Floreciendo

36. Floreciendo

“El Zen quiere que vivas, que vivas en abundancia, que vivas en la totalidad, que vivas intensamente; no al mínimo, como lo quiere el cristianismo, sino al máximo, rebosante.
Tu vida tendría que llegar a otros.
Tu dicha, tu bendición, tu éxtasis no tendría que contenerse en el interior, como una semilla.
Tendría que abrirse como una flor y expandir su fragancia a todos y cada uno, no sólo a los amigos sino también a los extraños.
Esta es la compasión real, éste es el verdadero amor: compartir tu iluminación, compartir tu danza del más allá.”

-Osho Christianity, the Deadliest Poison and Zen… Chapter 5

La Reina del Arco Iris es como una planta fantástica que ha llegado a la cima de su florecimiento y de su colorido.
Es muy sexual, muy vital y llena de posibilidades.
Chasquea sus dedos con la música del amor y su collar con los signos del zodiaco está puesto de tal forma que Venus descansa sobre su corazón.
Las mangas de su vestido contienen abundancia de semillas y, cuando sople el viento, las semillas se esparcirán para echar raíces donde puedan.
A ella no le importa si caen en la tierra o en las rocas; simplemente las esparce a todos lados en celebración profunda de vida y amor.
Las flores caen desde arriba, en armonía con su propio florecimiento, y las aguas de la emoción ondean juguetonamente debajo de la flor en la que ella se sienta.
Puede que ahora mismo te sientas como un jardín de flores; regado de bendiciones que vienen de todas partes.
Da la bienvenida a las abejas, invita a los pájaros a beber de tu néctar.
Esparce tu gozo alrededor y compártelo con todos.

 

#35. Abundancia

35. Abundancia

“En el Este, la gente ha condenado el cuerpo, ha condenado la materia, ha llamado a la materia “ilusoria”, maya.
Esta no existe realmente, solamente parece como si existiera; está hecha del mismo material del que están hechos los sueños.
Ellos negaron el mundo y ésta es la razón por la cual el Este continuó siendo pobre, enfermo, hambriento.
Media humanidad ha estado aceptando el mundo interior pero negando el mundo externo.
La otra media humanidad ha estado aceptando el mundo material y negando el mundo interior.
Ambos están a medias y ningún hombre que sea incompleto puede estar satisfecho.
Tienes que ser completo: rico en el cuerpo, rico en la ciencia, rico en meditación, rico en conciencia. Sólo una persona completa es una persona sagrada, en lo que a mí respecta.
Quiero que Zorba y Buda se encuentren.
Zorba solo, está vacío.
Su danza no tiene un significado eterno, es un placer momentáneo.
Pronto se cansará de ella.
A menos que tengas fuentes inagotables que las puedas obtener desde el mismo Cosmos…
A menos que te vuelvas existencial, no puedes volverte total.
Esta es mi contribución a la humanidad: la persona completa.”

-Osho Communism and Zen Fire, Zen Wind Chapter 2

Este carácter dionisiaco es la figura misma de un hombre total, un “Zorba el Buda”, quien puede beber vino, danzar en la playa y cantar en la lluvia y, al mismo tiempo disfrutar de las profundidades del saber y entendimiento que pertenecen al sabio.
En una mano sostiene el loto, lo que indica que respeta y contiene en sí mismo la gracia de lo femenino.
Su pecho al descubierto (un corazón abierto) y su vientre relajado, muestran que también se encuentra en paz con su masculinidad, lo que le hace profundamente autónomo.
Los cuatro elementos: tierra, fuego, agua y cielo se unen con el Rey del Arco Iris, quien se sienta sobre el libro de la sabiduría de la vida.
Si eres una mujer, el Rey del Arco Iris brinda el apoyo para que traigas tus propias energías masculinas a tu vida, en una unión con el alma gemela dentro de tí.
Para un hombre, esta carta representa una época de romper con los estereotipos masculinos convencionales y permitir a la plenitud de todo el ser humano brillar.