#68. Conciencia

68. Conciencia

“Venimos de lo desconocido y continuamos moviéndonos hacia lo desconocido.
Volveremos otra vez; hemos estado aquí miles de veces y estaremos aquí miles de veces.
Nuestro ser esencial es inmortal, pero nuestro cuerpo, nuestra corporeidad es mortal.
El marco en el que nos movemos: nuestras casas, el cuerpo, la mente, están hechos de cosas materiales.
Se cansarán, se envejecerán, morirán.
Pero tu conciencia, para la cual Bodhidharma usa la palabra “no-mente” -Guatama el Buda también ha utilizado la palabra “no-mente” – es algo más allá de la mente y el cuerpo, algo más allá de todo, esa no-mente es eterna.
Es expresada y se va nuevamente a lo desconocido.
Este movimiento de lo desconocido hacia la conocido y de lo conocido a lo desconocido, continúa por la eternidad, a menos que alguien se ilumine.
Entonces ésta es su última vida.
Entonces esta flor ya no volverá. Esta flor ha tomado conciencia de sí misma y no necesita regresar a la vida, porque la vida no es más que una escuela de aprendizaje.
Él ha aprendido la lección, ahora está más allá de las ilusiones.
El se moverá de lo conocido, por primera vez, no hacia lo desconocido, sino hacia lo incognoscible.”

-Osho Bodhidharma, the Greatest Zen Master Chapter 5

La mayoría de estas cartas de esta serie de la mente o bien son caricaturescas o son problemáticas, porque la influencia de la mente en nuestras vidas generalmente es o bien ridícula u opresiva.
Pero en esta carta de la conciencia se muestra una gran figura de Buda.
Es tan expansivo que ha ido incluso más allá de las estrellas, y sobre su cabeza hay puro vacío.
Él representa la conciencia que está disponible para todos los que se convierten en maestros de la mente y pueden utilizarla como el sirviente que se supone debe ser.
Si eliges esta carta, esto significa que hay una claridad cristiana disponible ahora mismo, desligada, enraizada en la quietud profunda que yace en lo más hondo de tu ser.
No hay deseo de comprender desde la perspectiva de la mente; la comprensión que tienes ahora es existencial, total, en armonía con el pulso de la vida misma.
Acepta este gran regalo y compártelo.

#67. Renacimiento

67. Renacimiento

“En el Zen, tú vienes de la nada y estás yendo a la nada.
Tú estás en el aquí, ahora.
Ni vas ni vienes.
Todo pasa a través tuyo: tu conciencia lo refleja pero no se identifica.
Cuando un león ruge frente a un espejo, ¿piensas que es el espejo el que ruge?
O, cuando el león se ha ido y llega un niño bailando, el espejo se olvida completamente del león y empieza a danzar con el niño, ¿piensas que el espejo danza con el niño?
El espejo no hace nada: Simplemente refleja.
Tu conciencia es únicamente un espejo.
Ni vienes ni vas.
Las cosas van y vienen.
Te vuelves joven, te vuelves viejo; estás vivo, estás muerto.
Todos estos estados son simples reflejos en un remanso eterno de conciencia.”

-Osho Osho Live Zen, Volume, 2 Chapter 16

Esta carta describe la evolución de la conciencia, tal como lo desarrolla Friedrich Nietzsche en su libro, “Así habló Zaratustra”.
En él habla de tres niveles: el camello, el león y el niño.
El camello está adormecido, es soso, conformista.
Vive engañado pensando que es la cumbre de una montaña, cuando en realidad está tan preocupado por la opinión de otros, que difícilmente tiene energía propia.
Emergiendo del camello está el león.
Cuando nos damos cuenta de que hemos estado desperdiciando la vida, empezamos a decir no a las demandas de otros.
Nos salimos de la multitud, solos y orgullosos, rugiendo nuestra verdad.
Pero este no es el final.
Al final emerge el niño; no es rebelde ni conformista sino inocente, espontáneo y acorde con su propio ser.
Sea cual sea el espacio en el que estás ahora mismo.
Soñoliento y deprimido, o rugiente y rebelde, sé consciente de que esto se transforma en algo nuevo, si lo permites.
Es una época de crecimiento y cambio.

.parpadeos

parpadeos

 

 

“Solo hay tres clases de ciegos, ¿o tres no es el número perfecto?
Está ese al que no hay explosión ni asamblea de luciérnagas que lo saquen de la sombra profunda.
Está el otro, el que aún ciego, conserva un esbozo de penumbra
y al resplandor de un fósforo queda de pronto en éxtasis y bajo la luz furiosa del mediodía cree que los ojos le vuelven.
Y finalmente está aquél, ese que palpa afanoso los contornos y las grietas, los movimientos y temblores de los breves mundos.
Ése, el tercero, es el amante.”

-Eugenio Mandrini

 

#66. Pena

66. Pena

“Este sufrimiento no es para que te sientas triste, recuerda.
Es por eso que la gente sigue sin comprender…
Este sufrimiento es simplemente para que estés más alerta, porque la gente se vuelve alerta únicamente cuando la flecha va dentro de su corazón y les hiere.
De otra forma no llegan a estar conscientes.
Cuando la vida es fácil, confortable, conveniente, ¿a quién le importa?
¿A quién le importa volverse consciente?
Cuando muere un amigo, hay una posibilidad.
Cuando tu mujer te deja solo… en esas noches oscuras, estás solitario, has amado tanto a esa mujer, te lo has jugado todo y de repente, un día, ella se ha ido.
Lloras en tu soledad y si utilizas estas ocasiones, puedes volverte consciente.
La flecha duele: puede ser utilizada.
El dolor no es para hacerte sufrir, ¡el dolor es para hacerte más consciente!
Y cuando eres consciente la miseria desaparece.”

-Osho Take it Easy, Volume 2 Chapter 12

La imagen corresponde a Ananda, el primo y discípulo del Gautama el Buda.
Él estuvo al lado de Buda constantemente, atendiendo todas sus necesidades durante cuarenta y dos años.
Cuando Buda murió, dice el relato que Ananda permaneció inmóvil a su lado, llorando.
Los otros discípulos le reprocharon su incomprensión:
Buda había muerto totalmente pleno; él tendría que haberse alegrado por esto.
Pero Ananda dijo: “Vosotros no lo entendéis.
Estoy llorando, no por él sino por mí, porque durante todos estos años he estado constantemente a su lado y aún así no me he iluminado”.
Ananda permaneció despierto durante toda la noche, meditando profundamente y sintiendo su pena y su dolor.
Por la mañana se dice que se iluminó.
Las épocas de mucho dolor tienen el potencial de ser épocas de gran transformación.
Pero, a fin de que se produzca la transformación, debemos ir profundamente a las mismas raíces de nuestro dolor y experimentarlo como es, sin quejarse o teniendo pena de uno mismo.

#65. Culpa

65. Culpa

“¡Este momento!…
Este aquí y ahora… se olvida cuando empiezas a pensar en términos de lograr algo.
Cuando surge la mente que pretende algo, pierdes contacto con el paraíso en el que estás.
Este es uno de los enfoques más liberadores: ¡te libera ahora mismo!
Olvida todo lo relacionado con el pecado y olvida todo lo relacionado con la santidad: ambos son estúpidos.
Los dos juntos han destruido todos los gozos de la humanidad.
El pecador se siente culpable; de ahí que haya perdido su alegría.
¿Cómo puedes disfrutar de la vida, si estás sintiéndote culpable constantemente, si estás yendo a la iglesia constantemente a confesarte que has hecho esto mal y has hecho aquello mal?
Todo está mal y mal y mal…
Toda tu vida parece que está hecha de pecados.
¿ Cómo puedes vivir gozosamente?
Se vuelve imposible disfrutar de la vida.
Te vuelves pesado, agobiado.
La culpa se asienta en tu pecho como una roca, te aplasta:
¿Cómo podrías danzar?
¿Cómo puede danzar la culpa?
¿Cómo puede amar la culpa?
¿Cómo puede cantar la culpa?
¿Cómo puede vivir la culpa?
Por tanto, el que piensa que está haciendo algo equivocado se siente culpable, está agobiado, muerto antes de morir; ha entrado ya en la tumba.”

-Osho Take it Easy, Volume 1 Chapter 3

La culpa es una de las emociones más destructivas de la cual podemos quedar atrapados.
Si hemos equivocado a otro, si hemos ido contra nuestra propia verdad, por supuesto nos sentiremos mal.
Pero dejar que la culpa nos agobie, es invitar una migraña.
Terminamos rodeados de nubes agobiantes de duda sobre nosotros mismos y sentimientos de subestima, a tal punto que no podemos ver la belleza y gozo que la vida está tratando de ofrecernos. Todos queremos ser mejores: más amorosos, más conscientes, más sinceros con nosotros mismos. Pero cuando nos castigamos por nuestras faltas sintiéndonos culpables, podemos quedarnos atrapados en un ciclo de desesperación y falta de esperanza que nos quita toda la claridad sobre nosotros mismos y las situaciones que enfrentamos.
Como eres, eres absolutamente perfecto y es perfectamente natural equivocarse de tanto en tanto. Aprende de esto, muévete, continúa y utiliza la lección para no cometer el mismo error otra vez.

¿Quién contará estrellas conmigo cuando tú no estés?

mariposadel67:

Sublime

Originalmente publicado en huyamosantesdelasdiez:

Hacía unos meses no frecuentaba ese lugar, donde el tiempo parecía ser más relativo y la música más fuerte. También parecía que la sonrisa de la gente era mucho más corriente porque allí solías estar tú, y las comparaciones, dicen, nunca fueron buenas. Una especie de sitio donde la magia y el alcohol se apoderaban de la gente, tal vez tuviera que ver más lo segundo. De cualquier forma, allí mi universo dejaba de ser un caos, se detenía. Tú hacías que perdiera la gravedad. Y como todas las cosas buenas, eso también se fue mucho antes de que yo me hiciera a la idea de que podía perderlo. Entonces entraba en una especie de nube negra con contrastes de todos los colores y seguía preguntándome quién diseñó aquel guion tan cruel. Era de esperar que el final aquí tampoco fuese bueno o feliz. Aunque en este caso son dos…

Ver original 28 palabras más

.unir el cielo y la tierra despierta el corazón

unir el cielo y la tierra

 

 

“Cuando trato de encontrar las palabras que expresen las incalculables paradojas del amor,
no hago más que trastabillar.
En él está lo más grande y lo más pequeño,
lo más remoto y lo más cercano,
lo más elevado y lo más bajo,
y no podemos hablar de uno de sus aspectos sin hablar del otro.
Digamos lo que digamos,
no hay palabras que puedan expresar el todo.”
-C.G.Jung
“Es fácil decirlo, pero practicarlo resulta difícil. En general, no es sencillo oscilar entre la unión y la separación, la inspiración y la practicidad. La transición entre estos dos estados suele ser molesta y dolorosa. No obstante, es importante que nos permitamos sentir esta tensión especial. Al conectarnos con el desguarnecimiento presente en el núcleo de nuestra naturaleza, ella nos recuerda lo que significa ser humanos. Así, todas las asperezas que encontramos al tratar de juntar los opuestos -la libertad y el compromiso, la visión y el enraizamiento, el soltarse y el aferrarse, el romance y la realidad, la individualidad y la comunión- son formas de forjar nuestra humanidad y de despertar nuestro corazón.
Según el antiguo concepto chino, el ser humano auténtico, el que tiene el corazón abierto a la realidad, nace en esta intersección del cielo y la tierra. La postura erguida del ser humano confirma literalmente que esto es verdad. Al pararnos sobre la tierra y levantar la cabeza, nuestro corazón queda expuesto al mundo. Los animales que andan en cuatro patas protegen cuidadosamente la parte de adelante del cuerpo, blanda y vulnerable; pero, como seres humanos, caminamos con nuestro corazón expuesto, permitiendo que el mundo y otras personas entren, nos toquen y nos muevan.
Sólo cuando permanecemos así de tiernos y abiertos a toda la realidad comenzamos a volvernos totalmente humanos.
Sólo cuando exponemos el corazón, encontramos un camino…”

-John Welwood, Ph.D. (de “El Viaje del Corazón”)

 

#64. Política

64. Política

“Cualquiera que pueda fingir bien, ser hipócrita, será tu líder político, tu sacerdote religioso.
Todo lo que requiere es ser un hipócrita, requiere de astucia, requiere solo una máscara detrás de la cual esconderse.
Sus políticos tienen vidas dobles, sus sacerdotes viven vidas dobles – una desde la puerta delantera, la otra por la puerta trasera.
Y la vida por la puerta trasera es su vida real.
Esas sonrisas de puerta delantera son falsas, esas caras viéndose tan inocentes solo son cultivadas. Si quieres ver la realidad del político tendrás que verlo por su puerta trasera.
Ahí esta su desnudez, tal cual es, y así también con el sacerdote.
Estas dos clases de gente astutas han dominado a la humanidad.
Y descubrieron muy temprano que si quieres dominar a la humanidad, debes hacerla débil, hacerla sentirse culpable, hacerla sentir indigna.
Destruye su dignidad, quítale la gloria, humíllala.
Y ellos han encontrado tantas formas sutiles de humillarte, que ni necesitan involucrarse; lo dejan para que tu mismo te humilles, te destruyas.
Te han enseñado un suicidio lento.”

-Osho The White Lotus Chapter 10

¿ Reconoces a éste hombre?.
Todos menos el más inocente y sincero de nosotros tenemos a un político merodeando en nuestras mentes.
De hecho, la mente es política su naturaleza misma es planificar, armar artimañas e intentar manipular situaciones y personas para lograr lo que quiere.
Aquí, la mente esta representado por la culebra, cubierta de nubes y hablando “con la lengua partida”.
Pero lo importante para entender de esta carta es que ambas caras son falsas.
La cara dulce, inocente, “confía en mi”, es una máscara.
La cara ”yo haré lo mío contigo”, es una máscara también.
Los políticos no tienen caras reales.
Todo el juego es una mentira.
Mírate bien a ti mismo para ver si has estado jugando este juego.
Lo que veas, puede ser doloroso, pero no tan doloroso como continuar con el juego.
No sirven los intereses de nadie al final, y menos los tuyos.
Lo que sea que obtengas de esta forma, se hará polvo en tus manos.

.flores que danzan

flores que bailan

(fuchsia)

 

“tengo flores que hablan
y danzan al compás del viento de Bernal
en este jardin que palpita cada mañana en cada fibra de mí,
siento la inmensidad de este vuelo
como si cientos de estrellas murmullaran en mi corazón:
qué bello es vivir…!”

Gabi D.

“Mantener la mente
libre de confusión
a fin de escuchar el sentido.

Mantener silencio
en el corazón
para escuchar la voz
sin voces.

Descender al silencio
de este día
para remontar
un vuelo sin alas.

Así viajamos
al centro de la realidad
vida preciosa, inmutable,
donde todo mundo
se convierte en un vacío
para la Luz…”

-Awankana

 

 

Bienvenida Luz, a mi vida…

 

 

.el viaje/the Journey

.el viaje-the Journey

(pequeña mirilla bogotana)

“Un día supiste por fin
lo que tenías que hacer, y empezaste,
aunque a tu alrededor las voces
seguían gritando
sus malos consejos —
aunque toda la casa
empezó a temblar
y sentiste el antiguo tirón
en los tobillos.
“¡Arreglame la vida!”
gritaba cada voz.
Pero no paraste.
Sabías lo que tenías que hacer,
aunque el viento hurgaba
con sus dedos rígidos
en las bases mismas —
aunque su melancolía
fuese terrible. Ya era bastante
tarde, y una noche salvaje,
y la calle llena de ramas
caídas y de piedras.
Pero de a poco,
mientras dejabas las voces atrás,
las estrellas empezaron a arder
entre las sábanas de nubes,
y había una voz nueva,
que lentamente
reconociste como tu propia voz,
que te acompañaba
mientras te adentrabas más y más
en el mundo,
decidida a hacer
lo único que podías hacer — decidida a salvar
la única vida que podías salvar.”

/
“One day you finally knew
what you had to do, and began,
though the voices around you
kept shouting
their bad advice – – -
though the whole house
began to tremble
and you felt the old tug
at your ankles.
‘Mend my life!’
each voice cried.
But you didn’t stop.
You knew what you had to do,
though the wind pried
with its stiff fingers
at the very foundations – – -
though their melancholy
was terrible.It was already late
enough, and a wild night,
and the road full of fallen
branches and stones.
But little by little,
as you left their voices behind,
the stars began to burn
through the sheets of clouds,
and there was a new voice,
which you slowly
recognized as your own,
that kept you company
as you strode deeper and deeper
into the world,
determined to do
the only thing you could do – – – determined to save
the only life you could save.”

-Mary Oliver

 

.intemperie

interperie

 

 

“Que cada palabra lleve lo que dice.
Que sea como el temblor que la sostiene.
Que se mantenga como un latido.
No he de proferir adornada falsedad ni poner tinta dudosa ni
añadir brillos a lo que es.
Esto me obliga a oírme. Pero estamos aquí para decir verdad.
Seamos reales.
Quiero exactitudes aterradoras.
Tiemblo cuando creo que me falsifico. Debo llevar en peso mis
palabras. Me poseen tanto como yo a ellas.
Si no veo bien, dime tú, tú que me conoces, mi mentira, señálame,
la impostura, restriégame la estafa. Te lo agradeceré, en serio.
Enloquezco por corresponderme.
Sé mi ojo, espérame en la noche y divísame, escrútame, sacúdeme.”

-Rafael Cadenas

 

#63. Peso Carga Lastre

63. Peso Carga Lastre

“La verdadera vida del hombre consiste en la forma en que él aleja todas las mentiras impuestas por otros sobre él.
Despojado, desnudo, natural, él es lo que es.
Es un asunto de ser, no de llegar a ser.
La mentira no puede convertirse en verdad, la personalidad no puede convertirse en tu alma.
No hay forma de hacer que lo no esencial se convierta en lo esencial.
Lo no esencial sigue siendo no esencial y lo esencial continúa siendo esencial: no son intercambiables.
Y esforzarse por alcanzar la verdad no hace más que crear mayor confusión.
La verdad no se tiene que alcanzar.
No puede ser alcanzada, ya está ahí. Solamente se tiene que abandonar la mentira.
Todos los propósitos, fines, ideales y metas, ideologías, religiones y sistemas para mejorar y perfeccionarse, son mentiras.
Cuídate de ellas.
Reconoce el hecho de que, tal como eres, eres una mentira.
Estás manipulado y cultivado por otros.
Esforzarse por conseguir la verdad es una distracción y un aplazamiento.
Es la forma en que se oculta la mentira.
Mira la mentira, observa profundamente la mentira de tu personalidad, porque ver la mentira es dejar de mentir.
Y dejar de mentir quiere decir no buscar más ninguna verdad; no es necesario.
En el momento en que desaparece la mentira, queda la verdad con toda su belleza y brillo.
Al contemplar la mentira, ésta desaparece y lo que queda es la verdad. “

-Osho This Very Body The Buddha Chapter 6

Cuando arrastramos un peso respecto a lo que “se debería o no se debería hacer”, impuesto por otros, nos volvemos como esta figura andrajosa y esforzada que está tratando de subir montaña arriba.
“¡Ve más rápido, esfuérzate más, llega a la cumbre!”,grita el estúpido tirano que él lleva sobre sus hombros; el tirano mismo soporta un gallo exigente.
Si en estos días la vida parece que no fuese más que una lucha desde la cuna hasta la tumba, puede que sea el tiempo de sacudir tus hombros y ver que tal te sientes, caminando sin estos personajes sobre tu espalda.
Tú tienes tus propias montañas para conquistar, tus propios sueños que cumplir, pero nunca tendrás la energía para conseguirlo a menos que te liberes de todas las expectativas que te han llegado de otros y que piensas ahora que son tuyas.
Probablemente ellas existen sólo en tu propia mente, pero ello no quiere decir que no puedan agobiarte.
Es el momento de aligerar y enviarlas de paseo.

#62. Comparación

62. Comparación

“El comparar conlleva lo inferior y lo superior.
Cuando no comparas, toda inferioridad, toda superioridad desaparece.
Entonces eres tú; simplemente estás ahí: un pequeño arbusto o un enorme árbol, no importa, eres tú mismo, tú eres necesario.
Una hoja de hierba es tan necesaria como la estrella más grande.
Sin la hoja de hierba, Dios será menos de lo que es.
El canto del “cucu” hace tanta falta como cualquier Buda; el mundo será menos, será menos rico si este “cucu” desaparece.
Simplemente mira a tu alrededor.
Todo es necesario y cada cosa encaja una con la otra.
Es una unidad orgánica: nadie es más alto, nadie es más bajo, nadie es superior, nadie es inferior. Todo el mundo es incomparablemente único.”

-Osho The Sun Rises in the Evening Chapter 4

¿Quién te ha dicho, alguna vez, que el bambú es más hermoso que el roble, o que el roble es más valioso que el bambú?
¿Piensas que al roble le habría gustado tener un interior vacío como al bambú?
¿Tiene celos el bambú del roble porque es más grande y sus hojas cambian de color en el otoño?
La idea misma de que dos árboles se comparen parece ridícula, pero los humanos parecemos tener un hábito muy difícil de romper.
Encarémoslo: siempre va haber alguien más hermoso, más talentoso, más fuerte, más inteligente o aparentemente más feliz de lo que tú eres.
Y, al contrario, siempre habrá aquellos que sean menos que tú en todos estos campos.
La forma de encontrar quién eres no consiste en que te compares con otros, sino en tratar de ver si estás realizando tu propio potencial de la mejor manera que sabes.

El Principito 27-(Fin)

Petit-prince-couverture

XXVII

Ahora hace ya seis años de esto. Jamás he contado esta historia y los compañeros que me vuelven a ver se alegran de encontrarme vivo. Estaba triste, pero yo les decía: “Es el cansancio”.

AI correr del tiempo me he consolado un poco, pero no completamente. Sé que ha vuelto a su planeta, pues al amanecer no encontré su cuerpo, que no era en realidad tan pesado… Y me gusta por la noche escuchar a las estrellas, que suenan como quinientos millones de cascabeles…

Pero sucede algo extraordinario. AI bozal que dibujé para el principito se me olvidó añadirle la correa de cuero; no habrá podido atárselo al cordero. Entonces me pregunto:

“¿Qué habrá sucedido en su planeta? Quízás el cordero se ha comido la flor…”

A veces me digo: “¡Seguro que no! El príncipito cubre la flor con su fanal todas las noches y vigila a su cordero”. Entonces me siento dichoso y todas las estrellas ríen dulcemente.

Pero otras veces pienso: “Alguna que otra vez se distrae uno y eso basta. Si una noche ha olvidado poner el fanal o el cordero ha salido sin hacer ruido, durante la noche…”. Y entonces los cascabeles se convierten en lágrimas…

Y ahí está el gran misterio. Para ustedes que quieren al principito, lo mismo que para mí, nada en el universo habrá cambiado si en cualquier parte, quien sabe dónde, un cordero desconocido se ha comido o no se ha comido una rosa…

Pero miren al cielo y pregúntense: el cordero ¿se ha comido la flor? Y veréis cómo todo cambia…

¡Ninguna persona mayor comprenderá jamás que esto sea verdaderamente importante!

42

Este es para mí el paisaje más hermoso y el más triste del mundo. Es el mismo paisaje de la página anterior que he dibujado una vez más para que lo vean bien. Fue aquí donde el principito apareció sobre la Tierra, desapareciendo luego.

Exaxnínenlo atentamente para que sepan reconocerlo, si algún día, viajando por Africa cruzan el desierto. Si por casualidad pasan por allí, no se apresuren, se los ruego, y deténganse un poco, precisamente bajo la estrella. Si un niño llega hasta ustedes, si este niño ríe y tiene cabellos de oro y nunca responde a sus preguntas, adivinarán en seguida quién es. ¡Sean amables con él! Y comuníquenme rápidamente que ha regresado. ¡No me dejen tan triste!

ANTOINE DE DE SAINT EXUPERY

-Antoine de Saint-Exupéry

 

#61. Posponer

61. Posponer

“El posponer es simplemente estúpido.
Mañana también tendrás que decidir, así que ¿por qué no hacerlo hoy?
¿Crees que mañana serás más sabio que hoy?
¿Crees que mañana serás más vivo que hoy?
¿Crees que mañana serás más joven que hoy, más fresco que hoy?
Mañana serás más viejo, tu coraje habrá disminuido.
Mañana serás más experimentado, tu astucia será mayor; mañana la muerte estará más cerca. Empezarás a titubear y a tener más miedo.
Nunca aplaces para mañana.
Y, ¿quién sabe?, el mañana puede que venga o puede que no venga.
Si tienes que decidir, tienes que decidir ahora mismo.
El doctor Vogel, el dentista, terminó de examinar a una hermosa y joven paciente.
“Señorita Baseman”, le dijo, “me temo que voy a tener que sacarle las muelas del juicio!”.
“¡Dios mío!”, dijo ella “¡preferiría quedarme embarazada!”.
“Bien”, dice el doctor Vogel, “¿podría decidirse, para que yo pueda poner la silla en la posición adecuada?”.
Decídete, no continúes aplazando infinitamente.”

-Osho Dang Dang Doko Dang Chapter 8

La mujer de este dibujo vive dentro de un paisaje gris, lleno de nubes irreales y quietas.
A través de la ventana ella puede ver colores, luz y vitalidad, y aunque le gustaría moverse a través del marco, tal como lo podemos apreciar por los colores del arco iris que se aprecian en su ropa, ella no puede arreglárselas para hacerlo.
Todavía hay demasiados. “¿Y qué pasaría si?… en actividad en su mente.
Mañana nunca llega, dicen, pero no importa cuán a menudo se diga, porque la mayoría de nosotros tiende a olvidar la verdad de ésto.
En realidad, el único resultado de posponer las cosas es un sentimiento pesado de inconclusión y estancamiento en el hoy.
El alivio y expansión que sientes, una vez dejas de lado todos los pensamientos agitados que te están impidiendo actuar ahora, harán que te preguntes por qué esperaste tanto tiempo.

.vuelo Nocturno-apendice

apendice (19)

apendice (6)

 

Vivió quince meses en Argentina. Durante ese período de tiempo, inauguró una línea aérea, conoció a la que mas tarde sería su mujer, hizo un retrato
de su epopeya -y la de sus compañeros pilotos en su novela  “Vuelo nocturno”; se enamoró de los páramos patagónicos,y en los verdes campos entrerrianos quizá, hubo encontrado alguno de los motivos que inspiraron su obra cumbre, El Principito.
Antoine de Saint-Exupéry, este hombre alto, robusto, con movimientos de oso, nariz corta y respingada, ojos saltones y un mirar semidormido,
murió a los 44 años durante una misión de guerra: su avión despegó desde la isla de Córcega una hermosa mañana de verano para tomar fotografías de la Francia ocupada por los nazis, pero nunca volvió a la base.
Su muerte es un enigma y está atravesada por las paradojas: demasiado viejo para volar, con el cuerpo estragado por cinco accidentes de los
que había salido vivo por milagro -los jefes aliados le habían concedido el honor de luchar por su país gracias a su reputación la última vez que el
radar lo tuvo en su pantalla volaba cerca de la costa de Marsella, a menos de 30 minutos de Lyon, el lugar donde había nacido.
“Mamita mía, no estoy muy seguro de haber vivido después de la infancia”, había escrito a su madre con arrasadora melancolía.
Como el pequeño príncipe de su fábula, que vivía en un asteroide remoto del cielo, un día desapareció y se transformó en leyenda.
Tercer hijo del conde Jean-Marie de Saint-Exupéry y Marie Boyer de Fonscolombe, nació el 29 de junio de 1900 y quedó huérfano de padre a los cuatro años.
Su madre pasó a ser clave en su vida de aristócrata empobrecido y nómade. Del castillo paterno se mudó al de sus tías por la ruina económica, mientras Saint-Exupéry acumulaba retos de los jesuitas no sólo por su “horrorosa ortografía” sino por su indisciplina, sus distracciones y la
impenitente costumbre de escribir en papeluchos poesías combinadas con dibujos que nada tenían que ver con la clase.
A partir de 1919, después de un fallido intento de ingreso a la Escuela Naval, pasó 15 meses estudiando dibujo en Bellas Artes y dos años más tarde fue alistado como soldado en un campo de aviación del ejército. Allí se las arregló para tomar clases de pilotaje en secreto. Quedó maravillado:
volando, veía al mundo desde otra perspectiva, diferente de la de los demás. En la estrecha carlinga de sus aviones, en lucha contra los elementos
desatados, el aristócrata se descubrió a sí mismo, forjó un sólido concepto del deber y la responsabilidad, y alimentó ideales humanistas.
Poco
después de terminada la Primera Guerra Mundial, Saint-Exupéry se comprometió con Louise de Vilmorin, una joven hermosa, elegante, escritora
talentosa y heredera de un banquero que ni sabía cuánta plata tenía.
El padre veía con recelo a ese conde sin dinero, enredado en libros, poesías y aviones.
Unas semanas antes de la boda, Saint-Exupéry se subió a un biplano que no conocía en las afueras de París y se estrelló a poco de despegar: fractura de cráneo y conmoción cerebral. “El banquero confirmó sus temores y lo puso entre la espada y la pared -dice Elsa Aparicio de Pico, secretaria de la sede argentina de la Asociación Los amigos de Antoine de Saint-Exupéry-.
El tenía 22 años y el padre de la novia le dijo: ‘O mi hija o el avión’. Y ganó el avión.” Antes de llegar a la Argentina, fue piloto del servicio aéreo
que unía Francia y España con el norte de África y vivió dramáticas experiencias en lugares como Casablanca, Dakar y, sobre todo, en Cape Juby, punto remoto del Sahara, donde los peligros se sucedían, entre las traicioneras dunas del desierto y los códigos violentos del hombre nómade de las
caravanas, capaz de asesinar con una sonrisa.
Saint-Exupéry desembarcó en Buenos Aires el 12 de octubre de 1929 para extender la línea del correo aéreo a Santiago de Chile, Asunción y la remota
Patagonia. Apenas instalado en un hotel de la calle Reconquista se entera: será director de la Aeroposta Argentina -filial de la línea europea y
deberá abrir las rutas, construir aeródromos y asignar el trabajo a sus notables camaradas: Jean Mermoz, Henri Guillaumet y los argentinos Vicente
Alman-dos Almonacid y Rufino Luro Cambaceres.
Nunca le gustaron las grandes ciudades y la capital argentina no será la excepción. “No tiene gracia habitar Buenos Aires -escribe-. Gentes tristes y ningún lugar donde pasear. Los arquitectos volcaron su genio en privarla de todas sus perspectivas.
Me pregunto cómo puede penetrar la primavera a través de estos millones de metros cúbicos de cemento.”
A los dos días ya está volando sobre la Patagonia, encandilado por el paisaje agreste y rudo. Otra vez el desierto: la nada es su territorio. Y entonces
presiente la importancia de la línea aérea para esos míseros poblados batidos por el viento. En una playa de Comodoro Rivadavia capturó una
foca bebé que trajo en su avión a Buenos Aires y la instaló en la bañera de su casa, en el sexto piso de la Galería Güemes de la calle Florida. No sería el único: en Paraguay embarcó un cachorro de jabalí, y al abandonar Buenos Aires con su madre, en 1931, se llevó un cachorro de puma que sembró de inquietud al pasaje. Saint-Exupéry llegó a volar más allá del Estrecho de Magallanes, sobre la Tierra del Fuego. Más lejos de las multitudes urbanas, más se ablanda su mirada: “Aquí el sol se acuesta a las diez de la noche.
Todo es verde. Aldeas sobre el césped. Y gente que, de tanto apiñarse en torno, se vuelve tan simpática…”.
Pero si en las largas travesías hacia el sur desplegó las alas de la imaginación, el reconocimiento de la ruta hasta Asunción del Paraguay, volando bajo, siguiendo las vías del ferrocarril -los aviones apenas contaban con brújula y altímetro habría de seducirlo para siempre. Su experiencia entrerriana fue perturbadora, y está narrada en el capítulo Oasis de su libro Tierra de Hombres. En un viaje de inspección para controlar algunos de los quince aeródromos diseminados en el país, vio un campo verde y liso a orillas del río Uruguay, cerca de Concordia. Pensó que podría ser una pista de
aterrizaje alternativa y bajó a inspeccionar el terreno.
“Había aterrizado en un campo y no sabía que iba a vivir un cuento de hadas”, escribirá años después.
Una de las ruedas del avión se quebró al hundirse en una cueva de vizcacha y casi inmediatamente aparecieron en la escena dos jóvenes rubias, hermosas, casi niñas, al galope. “Al llegar hasta el avión vieron la torpeza del piloto y musitaron entre ellas una grosería, pero en francés -cuenta Elsa
de Pico-. Por decirlo de algún modo: ¡Qué tonto! ¡No vio la cueva!” Las chicas eran Edda y Suzanne Fuchs, hijas de un matrimonio francés que tenía una granja en las cercanías, y que vivían en el castillo de San Carlos -hoy en ruinas- con paredes de piedra, mármoles y boisserie en las paredes. “A
Saint-Exupéry se le abrió el cielo de repente cuando las escuchó hablar en francés -dice Elsa de Pico-. Y al llegar a la casona, en un viejo Ford, el padre, Georges Fuchs, se disculpó por el comportamiento ‘salvaje’ de las hijas.”
El piloto volvería varias veces a ese lugar, al encuentro de sus “amigos deliciosos” que “vivían en un castillo de leyenda, una casa donde se aspiraba como incienso ese olor de vieja biblioteca que vale por todos los perfumes del mundo.”
Edda tenía 9 años y
Suzanne, 14. En 1932, ya en Francia, Saint-Exupéry escribió una nota periodística en una revista de París con un título sugerente: Las princesitas argentinas.
Algunos llegan a asociar su experiencia entrerriana con la fábula infantil que lo haría famoso en el planeta.
“Ahí está el esbozo de El Principito –arriezga Elsa de Pico- con esas dos chicas que eran muy especiales, y sobre todo con la impresión que le causó
Edda. Ellas domesticaban bichos (animales). A las ovejas Suzanne les decía ¡Vamos!, y las ovejas la seguían. Edda había domesticado un hurón,
que comía en su mesa y la seguía a todos lados.
Su papá criaba abejas. Y Edda decía que a las abejas no les gustaba el ruido. Ella me contó: ‘Cuando nosotras queríamos que se fueran, gritábamos’.
Un día, Saint Exupéry se puso a hablar muy fuerte bajo el panal y Edda lo recriminó: ‘Por favor, no hable tan alto porque a las abejas les molesta’.” A Edda, Saint-Exupéry le parecía “un gigante bueno”. El escritor medía casi dos metros de altura y apenas podía entrar en la carlinga de los aviones. Enamorado del cielo y el desierto, cuando no volaba, escribía. Un meticuloso: podía romper cien páginas antes de publicar una sola. Decía que más
que escritor, era un corrector. Tachaba y borroneaba, anotaba ideas y frases en servilletas de bar: sus compañeros lo veían en los hangares, inclinado sobre los barriles de combustible, las manos sucias de grasa, la lapicera sobre el papel.
De su pluma goteaba la melancolía por la felicidad perdida en la infancia. Contemplaba su propio pasado con un sentimiento de pérdida. En el castillo de San Carlos fantaseó con abandonar su vida errante y quedarse.
Acaso, criar abejas.
Llamaba “mis princesitas” a Edda y Suzanne Fuchs. Pasaba horas haciendo trucos de magia con la baraja para ellas. El castillo no estaba resplandeciente, pero lo encontraba irresistible: sus pisos de madera quejumbrosos, pero pulcramente encerados.
“Todo estaba ruinoso, y lo estaba adorablemente.” Se sentía a gusto en ese oasis rodeado de vegetación. “Las dos jóvenes reaparecieron tan misteriosamente, tan silenciosamente como se habían desvanecido. Se sentaron a la mesa con gravedad. Al desplegar sus servilletas me vigilaban por el rabillo del ojo, con prudencia, preguntándose si me clasificarían o no en el número de sus animales familiares, pues ellas poseían también una iguana, una langosta, un zorro, un mono y las abejas.
Todos ellos vivían entremezclados, entendiéndose maravillosamente, componiendo un nuevo paraíso terrestre”, relató alguna vez el piloto. Saint-Exupéry -recordaría muchos años más tarde Edda Fuchs- les decía:
“Tengan cuidado, o un día aparecerá un horrible, pequeño marido y se las llevará
en cautiverio”. Un día de 1964 llegó un periodista francés a la casa de las hermanas Fuchs para comprobar si de verdad habían existido. El mundo
literario francés siempre sospechó que eran fruto de la imaginación del escritor. Al final de su capítulo Oasis, el autor se pregunta:
“¿Qué se habrá hecho de esas jóvenes? Sin duda se han casado. Llega un día en que la mujer se despierta en la joven…
(…) Entonces, se presenta un imbécil. Se le entrega el corazón que es un jardín salvaje, a él, que sólo ama los parques cuidados. Y el imbécil lleva, en esclavitud, a la princesa”.
Elsa de Pico cuenta que, una vez,Edda Fuchs escapó de la reserva con que guardaba sus recuerdos y le confesó que cuando leyó ese capítulo del libro,
ahogada por las lágrimas, tenía 19 años. “Corrí a mirarme al espejo”, le dijo. Como si fuera un sortilegio, ni Edda ni Suzanne se casaron jamás. Suzanne enseñó francés en Concordia pero nunca pudo dejar la granja ni los animales. Edda se convirtió en una mujer elegante y atractiva que administró campos durante muchos años. Al periodista francés, le dijo: “Me acordaba de él cuando tenía flirts.
Me marcó, en cierta forma. No sé si fue el destino, o algo superior”.
Allí, en las verdes cuchillas entrerrianas, quedó la fantasía de un amor no realizado, un oasis platónico y deslumbrante; ¿la fuente de inspiración para El Principito?.
“hay algunas coincidencias que son interesantes -arriezga Elsa de Pico-. El avión roto, el accidente, el señor malhumorado, la desolación del desierto: en esa época, el monte de espinillos era un desierto. ¿Quién te ve? ¿Quién te ayuda? Y una vocecita que sale y le dice: ¡Qué tonto! ¡ No vio la cueva!” Saint-Exupéry voló en la Argentina más que en ninguna otra etapa de su vida.
Hizo no menos de 30 travesías a los Andes porque le aburría el trabajo administrativo. “Yo vivo verdaderamente cuando vuelo”, dejó escrito. Cuando
estaba en Buenos Aires, pasaba el tiempo con sus amigos de la Aeroposta, charlando, comiendo generosamente con vino francés y terminando
la noche en alguno de los cabarés de la época. Los argentinos que lo conocieron lo recuerdan como simpático, accesible, pero, a la vez, autoritario. Se imponía físicamente, siempre había un cigarrillo en sus labios y tenía un hablar algo tartamudo, una voz que “oscilaba entre el cognac y el licor de cassis”. Como jefe de línea era férreo. No suspendió los servicios aéreos el día en que un avión se estrelló con saldo trágico en el Río de la Plata. El correo debía partir a cualquier costo: ni las averías del motor ni los huracanes de la Patagonia ni las debilidades humanas podían retrasar la epopeya. Más de una vez, Saint- Exupéry experimentó la terrible sensación de ser empujado por los vientos del sur -más poderosos que el motor de su avión hacia el océano. “Cada vuelo es una victoria que asegura el siguiente.” Y así terminó con el aislamiento del sur: por barco, Buenos Aires distaba 15 días de Río Gallegos; el avión lo redujo a 17 horas.
“Eramos recibidos como mesías en las pequeñas ciudades perdidas que de golpe acercábamos a la vida del mundo. El alcalde, rodeado de su rudo pueblo, no bien aterrizábamos nos daba la bienvenida con los brazos abiertos: ‘Puerto Deseado conocerá, gracias a usted, los beneficios de la civilización’.
¡Cómo nos rejuvenecía oír esa frase! ¡Qué pura sonaba, qué lejos del sentido mezquino que toma en las promesas electorales!” Los lamentos constantes a su madre por la falta de una mujer que lo acompañara en la vida terminaron en la Argentina. En una fiesta, el aviador conoció a Consuelo Suncin, una morena pequeña, de ojos salvajes, atrevida y caprichosa. Había nacido en El Salvador, había enviudado dos veces y llegaba a Buenos Aires desde París donde su último marido -Enrique Gómez Carrillo había sido embajador argentino ante Francia. Antoine quedó hechizado y la invitó a volar. El Late 28 decoló del aeródromo de General Pacheco, el piloto lo hizo ascender hasta los mil metros y comenzó una serie de arriesgadas acrobacias.
¡Deténgase, deténgase, se lo ruego! -imploró la mujer, aterrorizada.
Sólo si me promete un beso – contestó el piloto y lanzó el avión en picada. ¡Deténgase, por favor! -suplicó. El avión se acercaba al suelo.
Diga que sí- insistió Saint-Exupéry.
-¡Sí, sí!
El encuentro empezó de esta manera, porque el conde era muy afecto, a veces, a las bromas pesadas. Era 1930, caía el gobierno radical y los bienes del marido de Consuelo habían sido confiscados por la dictadura. Estaba en bancarrota, pero tenía a su lado a un aviador poeta totalmente enamorado de ella. Se casaron por Iglesia en abril de 1931 y vivieron, como pudieron, los últimos trece años de vida del escritor: una convivencia tormentosa,
donde abundaron las mutuas infidelidades, todo potenciado por las largas ausencias de un hombre errante.
Podríamos pensar que en su libro más célebre, el aviador es él, el principito es un espejo de su propia infancia, y la flor, Consuelo Suncin. “Tú
eres la flor, la rosa…”, le revela en una carta.
Tal vez este pasaje de El Príncipíto refleje su extrema tristeza por esa relación contrariada: “No supe comprender nada entonces. Debí haberla juzgado por sus actos y no por sus palabras. Me perfumaba, me iluminaba. ¡No debí haber huido jamás! ¡Debí haber adivinado su ternura, detrás de sus pobres astucias!
¡Las flores son tan contradictorias! Pero yo era demasiado joven para saber amarla.” Para su boda, Consuelo prefirió una mantilla negra al tradicional velo blanco: las fotos tomadas aquel día resultan extrañamente tristes. No tuvieron hijos, pero la problemática relación continuó hasta el final:
“Amar, sólo amar… ¡Que callejón sin salida! Y el oscuro sentimiento de un deber, más grande que el de amar”. Como un misionero, necesitaba consagrarse a los demás, se sentía responsable de hacer actos de servicio. Y, además, Saint-Exupéry había encontrado en el avión el vehículo para la
evasión, no podía avanzar sin mirar con nostalgia el pasado.
Allí estaban el paraíso perdido del Sahara, el oasis de Concordia, el ancho cielo de la Patagonia…
La historia más conmovedora de los raids por el extremo sur de la Argentina ocurrió cuando, enterados los pocos habitantes de Paso Ibáñez (hoy Comandante Luis Piedrabuena) de que Saint-Exupéry había instalado un aeropuerto para la escala en Puerto Santa Cruz, a unos 50 kilómetros de allí, ellos también reclamaron el suyo.
Le escribieron amargas cartas de reproche por no haber entendido el futuro de ese pueblo ni el valor estratégico de su ubicación: “Vamos a instalar el aeropuerto, a pesar suyo”, amenazaron. Y lo hicieron, y un día lo invitaron para que lo inaugurara. Alguien le dijo a Saint-Exupéry que la pista era corta, pero ellos volvieron a la carga: ‘”Poco importa’ -contó Saint-Exupéry que le respondieron-. ‘Venga a inaugurar nuestro aeródromo sin aterrizar. Nuestros ciudadanos estarán muy felices si su avión sobrevuela nuestras cabezas el día de la inauguración. No lo podemos hacer si no vemos un avión.’
Y un día, cuando descendía hacia el sur, previne a la pequeña ciudad y me fui a inaugurar ese terreno con un vuelo sin aterrizaje. Durante una hora efectué por encima de ellos vueltas y picadas, y luego continué mi viaje.
¿Conoce usted algo más exaltante que ese entusiasmo y esa juventud de corazón?”
Su vida está atravesada por el viaje y la partida.
Antes de casarse, invita a su madre a visitarlo a Buenos Aires. En su niñez, Antoine, era el preferido de sus hijos y lo llamaba” El rey sol”, por sus rulos dorados.
Durante un mes y medio no se despega de ella y la lleva en su avión hasta los confines de la línea. Cuando vuelven a Francia se entera de que la empresa había quebrado: Argentina, ya es nostalgia para su pluma. En 1933 le escribe a Rufino Luro Cambaceres: “No hay en mi vida período alguno que prefiera al que he vivido con ustedes”. Consuelo Suncin volvió una vez más a Buenos Aires, en 1968, y simplemente evocó así a Saint-Exupéry: “Cambiaba un brillante por un telescopio. Tanto sentía a las estrellas”.
Hasta que sobrevino la Segunda Guerra, el conde de Saint-Exupéry conoció la gloria literaria. Su novela corta Vuelo nocturno se convirtió en un éxito porque describía la épica de la naciente aviación comercial: una prosa cargada de sentimientos nobles hacia sus semejantes, una oda para homenajear a sus camaradas y un intento para descubrir la solidaridad humana. Pero la guerra lo sumió en una desolación insoportable: “Francia ha sido ocupada por el enemigo -se lamentó-. El país ha ingresado a un mundo de silencio”.
En Lisboa -donde se había exiliado- se enteró de la muerte de su gran amigo Henri Guillaumet. Cuatro años antes había muerto -también en
un accidente aéreo- Jean Mermoz. “Soy el único que queda, no tengo un solo camarada en el mundo a quien decirle: ‘¿Te acordás?’.” En Nueva York publica El Principito, pero está desanimado y las peleas con su mujer se suceden: “Consuelo, esta noche le escribiré una carta de amor, porque
sucede que a pesar de tantas heridas (…) no puedo más con este amor que nunca encontró su camino, en usted existe alguien a quien yo amo y cuya alegría es fresca como la alfalfa de abril”.
Sus proyectos de vuelo desde hacía años fracasaban: primero un accidente truncó su raid París-Saigón y ahora la aventura de unir Nueva York con
la Patagonia había terminado con su avión destrozado en Centroamérica. Como aviador, a pesar de su audacia y habilidad, era distraído e
impredecible. A la concentración, prefería la ensoñación del vuelo.
Una liberación: huir de todo lo que, en tierra, le hacia mal.
Hasta tenía una visión sombría para la posguerra. Pensaba que los Estados Unidos después impondría “una civilización de hormigas. El hormiguero futuro me espanta y odio su virtud de robot. Yo estaba hecho para ser jardinero”. Charles De Gaulle lo odiaba y el escritor veía en ese general a un caudillo arbitrario que sólo ambicionaba el poder personal. El, sólo quería la salvación de Francia. La patria le dolía y él no sabía cómo ayudarla.
El Lightning P-38 americano era un avión complejo para Saint-Exupéry.
Gracias a sus intrigas y a su prestigio logró que lo alistaran al escuadrón de reconocimiento fotográfico. El reglamento indicaba que podía ser volado
por personas que no superasen los 32 años. El tenía 44.
Apenas podía entrar en el cockpit estrecho y en uno de sus vuelos de práctica estrelló el avión en el aterrizaje.
Le escribió una última carta a Consuelo: “Si alguna vez no vuelvo, no me llores. ‘Eso’ pasa rápido. Las balas perforan el cuerpo como las abejas atraviesan el aire”.
Su décima misión de guerra -ese sobrevuelo por el territorio de su infancia, cerca de Lyon- era la última que los jefes le habían concedido.
Sus compañeros pilotos lo vieron flaco, fatigado, lleno de tristeza y desaliento. Un sobreviviente que sólo quería huir.
Como Fabien, el protagonista de Vuelo nocturno hundido en la noche de la Patagonia, perdido en la tempestad, en un vuelo sin retorno; como el Principito en su evasión definitiva de la Tierra: “Parecerá que he muerto y no será verdad”. Saint-Exupéry, simplemente, no volvió.
El enigma de su muerte El enigma de su muerte persiste.
¿Cayó bajo la metralla de uno o dos aviones alemanes que lo interceptaron? ¿ Se suicidó con su avión, adolorido por su nfelicidad, su cuerpo cansado, por un mundo que ya sentía ajeno? ¿Perdió el conocimiento por falta de oxígeno y se estrelló en el mar? Un buzo marsellés asegura haber encontrado los restos de su avión a 100 metros de profundidad y un pescador dice que encontró su pulsera entre las redes. Su propia madre se resistió a creer en su muerte y durante años repitió que vivía recluido en un convento. Pero antes de morir ella pidió: “Déjenlo reposar en paz, allí dónde esté”.
En Concordia quedan los fantasmas de un castillo en ruinas; en Buenos Aires, en una casona de la calle Tagle, murmuran los secretos que se contaron con Consuelo; en la península de Valdés, el contorno de la isla de los Pájaros, batido por el mar, que inspiró el dibujo de El Principito donde una boa se traga a un elefante; en la playa de Ostende, una habitación del Gran Hotel donde seguramente imaginó una de sus novelas; en General Pacheco, un  galpón que hoy sirve para depósito; en Bahía Blanca, aquel cadete que le compraba los cigarrillos; en Río Gallegos, el hangar donde guardaba los aviones, un casco de cuero ajado por mil tormentas y sus antiparras de vuelo…

El Principito 26-(anteúltimo)

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XXVI

A1 lado del pozo había una ruina de un viejo muro de piedras. Cuando volví de mi trabajo al día siguiente por la tarde, vi desde lejos al principito sentado en lo alto con las piernas colgando. Lo oí que hablaba.

-¿No te acuerdas? ¡No es aquí con exactitud!

Alguien le respondió sín duda, porque él replicó:

-¡Sí, sí; es el día, pero no es este el lugar!

Proseguí mi marcha hacia el muro, pero no veía ni oía a nadie. Y sin embargo, el principito replicó de nuevo.

-¡Claro! Ya verás dónde comienza mi huella en la arena. No tienes más que esperarme, que allí estaré yo esta noche.

Yo estaba a veinte metros y continuaba sin distinguir nada.

El principito, después de un silencio, dijo aún:

-¿Tienes un buen veneno? ¿Estás segura de no hacerme sufrir mucho?

Me detuve con el corazón oprimido, siempre sin comprender.

-¡Ahora vete -dijo el principito-, quiero volver a bajarme!

38

Dirigí la mirada hacia el pie del muro e instintivamente di un brinco. Una serpiente de esas amarillas que matan a una persona en menos de treínta segundos, se erguía en dirección al principito. Echando mano al bolsillo para sacar mi revólver, apreté el paso, pero, al ruido que hice, la serpiente se dejó deslizar suavemente por la arena como un surtidor que muere, y, sin apresurarse demasiado, se escurrió entre las piedras con un lígero ruido metálico.

Llegué junto al muro a tiempo de recibir en mis brazos a mi principito, que estaba blanco como la nieve.

-¿Pero qué historia es ésta? ¿De charla también con las serpientes?

Le quité su eterna bufanda de oro, le humedecí las sienes y le di de beber, sin atreverme a hacerle pregunta alguna. Me miró gravemente rodeándome el cuello con sus brazos. Sentí latir su corazón, como el de un pajarillo que muere a tiros de carabina.

-Me alegra -dijo el principito- que hayas encontrado lo que faltaba a tu máquina. Así podrás volver a tu tierra…
-¿Cómo lo sabes?

Precisamente venía a comunicarle que, a pesar de que no lo esperaba, había logrado terminar mi trabajo.

No respondió a mi pregunta, sino que añadió:

-También yo vuelvo hoy a mi planeta…

Luego, con melancolía:

-Es mucho más lejos… y más difícil…

Me daba cuenta de que algo extraordinario pasaba en aquellos momentos. Estreché al principito entre mis brazos como sí fuera un niño pequeño, y no obstante, me pareció que descendía en picada hacia un abismo sin que fuera posible hacer nada para retenerlo.

Su mirada, seria, estaba perdída en la lejanía.

-Tengo tu cordero y la caja para el cordero. Y tengo tambíén el bozal.

Y sonreía melancólicamente.

Esperé un buen rato. Sentía que volvía a entrar en calor poco a poco:

-Has tenido miedo, muchachito…

Lo había tenido, sin duda, pero sonrió con dulzura:

-Esta noche voy a tener más miedo…

Me quedé de nuevo helado por un sentimiento de algo irreparable. Comprendí que no podía soportar la idea de no volver a oír nunca más su risa. Era para mí como una fuente en el desierto.

-Muchachito, quiero oír otra vez tu risa…

Pero él me dijo:

-Esta noche hará un año. Mi estrella se encontrará precisamente encima del lugar donde caí el año pasado…

39

-¿No es cierto -le interrumpí- que toda esta historia de serpientes, de citas y de estrellas es tan sólo una pesadilla?

Pero el principito no respondió a mi pregunta y dijo:

-Lo más importante nunca se ve…
-Indudablemente…
-Es lo mismo que la flor. Si te gusta una flor que habita en una estrella, es muy dulce mirar al cielo por la noche. Todas las estrellas han florecido.
-Es indudable…
-Es como el agua. La que me diste a beber, gracias a la roldana y la cuerda, era como una música ¿te acuerdas? ¡Qué buena era!
-Sí, cierto…
-Por la noche mirarás las estrellas; mi casa es demasiado pequeña para que yo pueda señalarte dónde se encuentra. Así es mejor; mi estrella será para ti una cualquiera de ellas. Te gustará entonces mirar todas las estrellas. Todas ellas serán tus amigas. Y además, te haré un regalo…

Y rió una vez más.

-¡Ah, muchachito, muchachito, cómo me gusta oír tu risa!
-Mi regalo será ése precisamente, será como el agua…
-¿Qué quieres decir?
La gente tiene estrellas que no son las mismas. Para los que viajan, las estrellas son guías; para otros sólo son pequeñas lucecítas. Para los sabios las estrellas son problemas. Para mi hombre de negocios, eran oro. Pero todas esas estrellas se callan. Tú tendrás estrellas como nadie ha tenido…
-¿Qué quieres decir? -Cuando por las noches mires al cielo, al pensar que en una de aquellas estrellas estoy yo riendo, será para ti como si todas las estrellas riesen. ¡Tú sólo tendrás estrellas que saben reír!

Y rió nuevamente.

-Cuando te hayas consolado (siempre se consuela uno) estarás contento de haberme conocido. Serás mi amigo y tendrás ganas de reír conmigo. Algunas veces abrirás tu ventana sólo por placer y tus amigos quedarán asombrados de verte reír mirando al cielo. Tú les explicarás: “Las estrellas me hacen reír siempre”. Ellos te creerán loco. Y yo te habré jugado una mala pasada…

Y se rió otra vez.

-Será como si en vez de estrellas, te hubiese dado multitud de cascabelitos que saben reír…

Una vez más dejó oír su risa y luego se puso serio.

-Esta noche ¿sabes? no vengas…
-No te dejaré.
-Pareceré enfermo… Parecerá un poco que me muero… es así. ¡No vale la pena que vengas a ver eso…!
-No te dejaré.

Pero estaba preocupado.

-Te digo esto por la serpiente; no debe morderte. Las serpientes son malas. A veces muerden por gusto…
-He dicho que no te dejaré.

Pero algo lo tranquilizó.

-Bien es verdad que no tienen veneno para la segunda mordedura…

40

Aquella noche no lo vi ponerse en camino. Cuando le alcancé marchaba con paso rápido y decidido y me dijo solamente:

-¡Ah, estás ahí!

Me cogió de la mano y todavía se atormentó:

-Has hecho mal. Tendrás pena. Parecerá que estoy muerto, pero no es verdad.

Yo me callaba.

-¿Comprendes? Es demasiado lejos y no puedo llevar este cuerpo que pesa demasiado.

Seguí callado.

-Será como una corteza vieja que se abandona. TIo son nada tristes las viejas cortezas…

Yo me callaba. El principito perdió un poco de ánimo. Pero hizo un esfuerzo y dijo:

-Será agradable ¿sabes? Yo miraré también las estrellas. Todas serán pozos con roldana herrumbrosa. Todas las estrellas me darán de beber.

Yo me callaba.

-¡Será tan divertido! Tú tendrás quinientos millones de cascabeles y yo quinientos millones de fuentes…

El principito se calló también; estaba llorando.

-Es allí; déjame ir solo.

Se sentó porque tenía miedo. Dijo aún:

-¿Sabes?… mi flor… soy responsable… ¡y ella es tan débil y tan inocente! Sólo tiene cuatro espinas para defenderse contra todo el mundo…

Me senté, ya no podía mantenerme en pie.

-Ahí está… eso es todo…

Vacíló todavía un instante, luego se levantó y dio un paso. Yo no pude moverme.

Un relámpago amarillo centelleó en su tobillo. Quedó un instante inmóvil, sin exhalar un grito. Luego cayó lentamente camo cae un árbol, sin hacer el menor ruido a causa de la arena.

41

-Antoine de Saint-Exupéry

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#60. Aislamiento

60. Aislamiento

“Somos miserables porque estamos muy identificados con el ego.
¿Qué quiero decir cuando digo que permanecemos demasiado en el ego?
¿Y qué pasa exactamente cuando permanecemos demasiado en el ego?
O bien estás en la existencia, o bien estás en el ego; no es posible estar en las dos al mismo tiempo. Estar en el ego significa estar apartado, estar separado.
Estar en el ego quiere decir convertirse en una isla.
Estar en el ego significa dibujar una línea fronteriza alrededor tuyo.
Estar en el ego significa hacer una distinción entre esto es lo que soy y eso es lo que no soy.
La definición, el límite entre el yo y el no yo es lo que define el ego.
El ego aísla y te congela: ya no fluyes más.
Si fluyes, el ego no puede existir.
De ahí que la gente se haya convertido casi en cubos de hielo.
No tienen ningún calor, no sienten ningún amor.
El amor es cálido y ellos tienen miedo del amor.
Si el calor llega a ellos empiezan a fundirse y los límites desaparecerán.
En el amor los límites desaparecen; en el gozo también desaparecen los límites, porque el gozo no es frío.”

-Osho Zen: The Path of Paradox, Volume 1 Chapter 5

En nuestra sociedad, a los hombres en particular, se les ha enseñado a no llorar, a poner un rostro duro frente a situaciones que pueden herirles y a no mostrar que tienen dolor.
Pero las mujeres también pueden caer en esta trampa y todos nosotros, una vez u otra, hemos podido sentir que la única forma de sobrevivir consiste en esconder nuestros sentimientos y emociones, a fin de no ser heridos otra vez.
Si nuestro dolor es particularmente profundo, incluso puede que intentemos esconderlo de nosotros mismos.
Esto nos puede volver fríos, rígidos, porque, en el fondo sabemos que una pequeña rotura en el hielo puede liberar la herida y hacer que ella empiece a circular hacia nosotros otra vez.
Las lágrimas con el color del arco iris de la cara de esta persona, tienen la clave para la ruptura de este aislamiento.
Las lágrimas y únicamente las lágrimas tienen el poder de fundir el hielo.
Está bien llorar, y no hay razón para que te sientas avergonzado de tus lágrimas.
El llorar nos ayuda a liberar el dolor, nos ayuda a ser suaves con nosotros mismos y, finalmente, nos ayuda a sanar.

.vuelo Nocturno XXIII

Vuelo Nocturno by MikkoLagerstedt-XXII (2)

Vuelo Nocturno by MikkoLagerstedt-XXII (3)

Dentro de un momento franqueará Buenos Aires, y Rivière, que prosigue
su lucha, quiere oírle. Oírle nacer, rugir y desvanecerse, como el paso formidable
de un ejército en marcha hacia las estrellas.
Rivière, cruzados los brazos, pasa por medio de los secretarios. Ante una
ventana, se detiene, escucha, y medita.
Si hubiese suspendido una sola salida, la causa de los vuelos nocturnos
estaba perdida. Pero, adelantándose a los débiles, que mañana desaprobarán
su actuación, Rivière, durante la noche, lanza esta nueva tripulación.
¿Victoria? ¿Derrota…? Estas palabras carecen de significación. La vida
está por debajo de esas imágenes y prepara ya otras nuevas. Una victoria
debilita a un pueblo, una derrota despierta a otro. La derrota que ha sufrido
Rivière es tal vez una enseñanza que aproxima la verdadera victoria. Sólo
importa el acontecimiento en marcha…

-Antoine de Saint-Exupéry

Apéndice:
Extracto de la nota “El Principito aterrizó en
Argentina” aparecida el año 2000, en la revista del
diario Clarín (y retocada para esta edición digital

El Principito 25

Le_petit_prince_by_Ivelena

XXV

-Los hombres -dijo el principito- se meten en los rápidos pero no saben dónde van ni lo que quieren. . . Entonces se agitan y dan vueltas…

Y añadió:

-¡No vale la pena!…

El pozo que habíamos encontrado no se parecía en nada a los pozos saharianos. Estos pozos son simples agujeros que se abren en la arena. El que teníamos ante nosotros parecía el pozo de un pueblo; pero por allí no había ningún pueblo y me parecía estar soñando.

-¡Es extraño! -le dije al principito-. Todo está a punto: la roldana, el balde y la cuerda…

Se rió y tocó la cuerda; hizo mover la roldana. Y la roldana gimió como una vieja veleta cuando el viento ha dormido mucho.

37

-¿Oyes? -dijo el principito-. Hemos despertado al pozo y canta.

No quería que el principito hiciera el menor esfuerzo y le dije:

-Déjame a mí, es demasiado pesado para ti.

Lentamente subí el cubo hasta el brocal donde lo dejé bien seguro. En mis oídos sonaba aún el canto de la roldana y veía temblar al sol en el agua agitada.

-Tengo sed de esta agua -dijo el principito-, dame de beber…

¡Comprendí entonces lo que él había buscado!

Levanté el balde hasta sus labios y el principito bebió con los ojos cerrados. Todo era bello como una fiesta. Aquella agua era algo más que un alimento. Había nacido del caminar bajo las estrellas, del canto de la roldana, del esfuerzo de mis brazos. Era como un regalo para el corazón. Cuando yo era niño, las luces del árbol de Navidad, la música de la misa de medianoche, la dulzura de las sonrisas, daban su resplandor a mi regalo de Navidad.

-Los hombres de tu tierra -dijo el principito- cultivan cinco mil rosas en un jardín y no encuentran lo que buscan.
-No lo encuentran nunca -le respondí. -Y sin embargo, lo que buscan podrían encontrarlo en una sola rosa o en un poco de agua…
-Sin duda, respondí. Y el principito añadió:
-Pero los ojos son ciegos. Hay que buscar con el corazón.

Yo había bebido y me encontraba bien. La arena, al alba, era color de miel, del que gozaba hasta sentirme dichoso. ¿Por qué había de sentirme triste?

-Es necesario que cumplas tu promesa -dijo dulcemente el principito que nuevamente se había sentado junto a mi.
-¿Qué promesa?
-Ya sabes… el bozal para mi cordero… soy responsable de mi flor.

Saqué del bolsillo mis esbozos de dibujo. El principito los miró y dijo riendo:

-Tus baobabs parecen repollos…
-¡Oh! ¡Y yo que estaba tan orgulloso de mis baobabs!
-Tu zorro tíene orejas que parecen cuernos; son demasiado largas.

Y volvió a reír.

-Eres injusto, muchachito; yo no sabía dibujar más que boas cerradas y boas abiertas.
-¡Oh, todo se arreglará! -dijo el principito-. Los niños entienden.

Bosquejé, pues, un bozal y se lo alargué con el corazón oprimido:

-Tú tienes proyectos que yo ignoro…

Pero no me respondió.

-¿Sabes? -me dijo-. Mañana hace un año de mi caída en la Tierra…

Y después de un silencio, añadió:

-Caí muy cerca de aquí…

El principito se sonrojó y nuevamente, sin comprender por qué, experimenté una extraña tristeza.

Sin embargo, se me ocurrió preguntar:

-Entonces no te encontré por azar hace ocho días, cuando paseabas por estos lugares, a mil millas de distancia del lugar habitado más próximo. ¿Es que volvías al punto de tu caída?

El principito enrojeció nuevamente.

Y añadí vacilante.

-¿Quizás por el aniversario?

El principito se ruborizó una vez más. Aunque nunca respondía a las preguntas, su rubor signifícaba una respuesta afirmativa.

-¡Ah! -le dije- tengo miedo.

Pero él me respondió:

-Tú debes trabajar ahora; vuelve, pues, junto a tu máquina, que yo te espero aquí. Vuelve mañana por la tarde.

Pero yo no estaba tranquilo y me acordaba del zorro. Si se deja uno domesticar, se expone a llorar un poco…

-Antoine de Saint-Exupéry

.lluvia/rain

lluvia-rain

(lluvia en Bogotá)

“Toda la tarde llovió, y luego
semejante poder cayó de las nubes
en un hilo amarillo,
autoritario como se supone que es Dios.
Cuando golpeó el árbol, el cuerpo de ella
se abrió para siempre.

/

All afternoon it rained, then
such power came down from the clouds
on a yellow thread,
as authoritative as God is supposed to be.
When it hit the tree, her body
opened forever.”

-Mary Oliver

.entre mujeres

“Nadie puede hacerte sentir inferior sin tu consentimiento”,
Eleanor Roosevelt

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“La vida es corta… sonríele a quien llora,
ignora a quien te critica y sé feliz con quien te importa”,
Marilyn Monroe

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 “Si obedeces todas las reglas,
te perderás de toda la diversión”,
Katharine Hepburn Katharine Hepburn

 

 

“Pies, para qué los quiero si tengo alas para volar”,
Frida Khalo Frida-Kahlo

 

 

“La paz comienza con una sonrisa”,
Madre Teresa de Calcuta

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“Ser intelectual crea muchas preguntas y ninguna respuesta.
Puedes llenar tu vida con ideas pero aun así irte solo a casa.
Todo lo que realmente necesitas son sentimientos”,
Janis Joplin

Janis-Joplin

 

 

“Uno no puede pensar bien,
amar bien,
dormir bien,
si no ha comido bien”,
Virginia Woolf

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 “¡De cuántas preocupaciones nos desprendemos
cuando decidimos dejar de ser algo para ser alguien”,
Coco Chanel

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“Usted no puede esperar construir un mundo mejor
sin mejorar a las personas.
Cada uno de nosotros debe trabajar para su propia mejora”,
Marie Curie

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“Cuando una puerta de la felicidad se cierra, otra se abre.
Pero solemos quedarnos mirando a la puerta cerrada
por tanto tiempo,
que no vemos la otra que se ha abierto para nosotros”,
Hellen Keller

Helen-Keller

 

 

#59. Esquizofrenia

59. Esquizofrenia

“El hombre está dividido.
La esquizofrenia es una condición normal del hombre, al menos ahora.
Quizás no era así en el mundo primitivo, pero siglos de condicionamiento, de civilización, de cultura y religión han hecho del hombre una multitud: dividido, partido, contradictorio…
Pero debido a que esta división va contra su naturaleza, en lo profundo, oculta en alguna parte, la unidad todavía sobrevive.
Debido a que el alma del hombre es una, todos los acondicionamientos como mucho destruyen la periferia del hombre.
Pero el centro continúa intacto.
Debido a esto, el hombre continúa viviendo.
Pero su vida se ha convertido en un infierno.
Todo el esfuerzo del Zen consiste en dejar de lado esta esquizofrenia, en abandonar esta personalidad dividida, en abandonar la mente dividida del hombre, en volverse uno, centrado, cristalizado.
Tal como eres, no puedes decir que eres.
No tienes un ser.
Eres una plaza de mercado: hay muchas voces.
Si quieres decir “sí”, inmediatamente el “no” está allí.
Ni siquiera puedes pronunciar una simple palabra, “sí”, de forma total…
De esta manera la felicidad no es posible; la infelicidad es la consecuencia natural de una personalidad dividida.”

-Osho Dang Dang Doko Dang Chapter 3

La persona de esta carta da un nuevo giro a la vieja idea de “¡quedarse atrapado entre la espada y la pared!”.
Pero estamos precisamente en este tipo de situación cuando nos quedamos atrapados en el aspecto indeciso y dualístico de la mente.
¿Tendría que soltar mis brazos y caer de cabeza primero, o primero soltar mis piernas y caer de pie? ¿Tendría que ir aquí o allí?
¿Tendría que decir sí o no?
Con cualquier decisión que tomemos siempre nos preguntaremos si hubiera sido mejor haber decidido de la otra forma.
La única forma de salir del dilema consiste, desafortunadamente, en soltarse de los dos extremos al mismo tiempo.
No puedes encontrar la salida de uno de ellos resolviéndolo, haciendo listas sobre los pro y los contra o, de cualquier forma, trabajándolo con tu mente.
Es mejor seguir tu corazón, si puedes encontrarlo.
Si no puedes encontrarlo, salta, simplemente; ¡tu corazón empezará a latir tan rápido que no habrá equivocación respecto adónde se encuentra!

El Principito 24

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XXIV
Era el octavo día de mi avería en el desierto y había escuchado la historia del comerciante bebiendo la última gota de mi provisión de agua.

-¡Ah -le dije al principito-, son muy bonitos tus cuentos, pero yo no he reparado mi avión, no tengo nada para beber y sería muy feliz si pudiera irme muy tranquilo en busca de una fuente!
-Mi amigo el zorro…, me dijo…
-No se trata ahora del zorro, muchachito…
-¿Por qué?
-Porque nos vamos a morir de sed…

No comprendió mi razonamiento y replicó:

-Es bueno haber tenido un amigo, aún si vamos a morir. Yo estoy muy contento de haber tenido un amigo zorro.

“Es incapaz de medir el peligro -me dije – Nunca tiene hambre ni sed y un poco de sol le basta…”

El principito me miró y respondió a mi pensamiento:

-Tengo sed también… vamos a buscar un pozo…

Tuve un gesto de cansancio; es absurdo buscar un pozo, al azar, en la inmensidad del desierto. Sin embargo, nos pusimos en marcha.

Después de dos horas de caminar en silencio, cayó la noche y las estrellas comenzaron a brillar. Yo las veía como en sueño, pues a causa de la sed tenía un poco de fiebre. Las palabras del principito danzaban en mi mente.

-¿Tienes sed, tú también? -le pregunté. Pero no respondió a mi pregunta, diciéndome simplemente:

-El agua puede ser buena también para el corazón…

No comprendí sus palabras, pero me callé; sabía muy bien que no había que interrogarlo.

El principito estaba cansado y se sentó; yo me senté a su lado y después de un silencio me dijo:

-Las estrellas son hermosas, por una flor que no se ve…

Respondí “seguramente” y miré sin hablar los pliegues que la arena formaba bajo la luna.

-El desierto es bello -añadió el principito.

Era verdad; siempre me ha gustado el desierto. Puede uno sentarse en una duna, nada se ve, nada se oye y sin embargo, algo resplandece en el silencio…

-Lo que más embellece al desierto -dijo el principito- es el pozo que oculta en algún sitio…

Me quedé sorprendido al comprender súbitamente ese misterioso resplandor de la arena. Cuando yo era niño vivía en una casa antigua en la que, según la leyenda, había un tesoro escondido. Sin duda que nadie supo jamás descubrirlo y quizás nadie lo buscó, pero parecía toda encantada por ese tesoro. Mi casa ocultaba un secreto en el fondo de su corazón…

-Sí -le dije al principito- ya se trate de la casa, de las estrellas o del desierto, lo que les embellece es invisible.
-Me gusta -dijo el principito- que estés de acuerdo con mi zorro.

Como el principito se dormía, lo tomé en mis brazos y me puse nuevamente en camino. Me sentía emocionado llevando aquel frágil tesoro, y me parecía que nada más frágil había sobre la Tierra. Miraba a la luz de la luna aquella frente pálida, aquellos ojos cerrados, los cabellos agitados por el viento y me decía : “lo que veo es sólo la corteza; lo más importante es invisible… “

Como sus labios entreabiertos esbozaron una sonrisa, me dije: “Lo que más me emociona de este principito dormido es su fidelidad a una flor, es la imagen de la rosa que resplandece en él como la llama de una lámpara, incluso cuando duerme… ” Y lo sentí más frágil aún. Pensaba que a las lámparas hay que protegerlas: una racha de viento puede apagarlas…

Continué caminando y al rayar el alba descubrí el pozo.

-Antoine de Saint-Exupéry

.vuelo Nocturno XXII

Vuelo Nocturno by MikkoLagerstedt-XXII

Vuelo Nocturno by MikkoLagerstedt-XXII (1)

 

El correo de Asunción comunicó que se disponía a aterrizar.
Rivière, incluso en las peores horas, había seguido, de telegrama en
telegrama, su marcha feliz. Era para él, en medio de esa confusión, el desquite
de su fe, la prueba. Ese vuelo feliz anunciaba, por sus telegramas, mil
otros vuelos también felices. «No hay ciclones todas las noches.» Ri-vière
pensaba también: «Cuando la ruta está trazada, no se puede dejar de
proseguir.»
Descendiendo, de escala en escala, desde Paraguay, como desde un
adorable jardín, pródigo de flores, de casas bajas y de aguas lentas, el avión
se deslizaba al margen de un ciclón que no le enturbiaba ni una estrella.
Nueve pasajeros, arrebujados en sus mantas de viaje, apoyaban la frente en
su ventanilla, como en un escaparate colmado de joyas, pues las pequeñas
ciudades de Argentina desgranaban ya, en la noche, todo su oro, bajo el oro
más pálido de las ciudades de estrellas. El piloto, en la parte delantera,
sostenía con las manos su preciosa carga de vidas humanas, los ojos abiertos
e inundados de luna, como un cabrero. Buenos Aires llenaba el horizonte
con su fuego rosáceo y, muy pronto, brillaría con todas sus piedras cual
fabuloso tesoro. El «radio», con sus dedos, enviaba los últimos telegramas,
como las notas finales de una sonata que hubiese tecleado, gozosa, en el
cielo, y cuyo canto Rivière comprendiese; luego, remontó la antena;
después, se desperezó un poco, bostezó y sonrió: estaban llegando.
El piloto, después de aterrizar, encontró al piloto de Europa, recostado
contra su avión, con las manos en los bolsillos.
—¿Eres tú el que continúa?
—Sí.
—El Patagonia, ¿ha llegado?
—No se le espera: ha desaparecido. ¿Hace buen tiempo?
—Muy bueno. ¿Fabien ha desaparecido?
Hablaron poco. Una gran fraternidad les dispensaba de hablar.
Se trasbordaban al avión de Europa las sacas de Asunción, y el piloto, aún
inmóvil, la cabeza echada hacia atrás, la nuca contra la carlinga, miraba las
estrellas. Sintió nacer en él un poder inmenso, y le invadió un placer
poderoso.
«¿Cargado ya? —dijo una voz—. Contacto, pues.»
El piloto no se movió. Ponían su motor en marcha. El piloto iba a percibir
por sus espaldas, apoyadas en el avión, cómo éste vivía. El piloto estaba ya
seguro, por fin, después de tantas falsas noticias: «Saldrá…» «No saldrá…»
«¡Saldrá!» Su boca se entreabrió, sus dientes brillaron bajo la luna como los
de una fiera joven.
—Atención con la noche, ¡eh!
No oyó el consejo de su camarada. Las manos en los bolsillos, la cabeza
levantada cara a las nubes, a las montañas, a los ríos y a los mares, empezaba
a reír silenciosamente. Una risa débil, pero que pasaba por él, como
una brisa por un árbol, y le hacía estremecerse. Una risa débil, pero mucho
más fuerte que aquellas nubes, que aquellas montañas, que aquellos ríos y
que aquellos mares.
—¿Qué es lo que te sucede?
—Ese imbécil de Rivière que me ha… ¡que se imagina que tengo miedo!

-Antoine de Saint-Exupéry